La Pedagogía de la Ternura como componente del Buen Vivir*

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INTRODUCCIÓN: EL BUEN VIVIR Y LA ACADEMIA

He titulado esta intervención “La Pedagogía de la Ternura como componente del Buen Vivir, del Sumak Kawsay** o del Suma Qamaña***. El Buen Vivir es una manera distinta de entender qué es la vida en el planeta. Tiene que ver no solamente con cómo me siento, sino cuál es el tipo de vida y de paciencia que uno debe tener. El Buen Vivir, por tanto, no es que lo paso bien siempre, sino que he ordenado mi vida, que mi vida tiene un sentido de servicio a los demás, que tiene una capacidad de respetar, incluyendo el entorno físico, natural. Sin embargo, en la universidad esto no está integrado. Hace un tiempo, discutiendo con los decanos de la Universidad de San Marcos, sobre las perspectivas de qué es lo que busca la Universidad, se coló el Buen Vivir. Hubo reacciones interesantes, positivas algunas. Y otras que decían ‘pero no está en la Constitución’. Fíjense ustedes, en este país plurinacional, pluricultural, plurilingüístico, el Buen Vivir no forma parte de la Constitución, porque seguimos siendo, todavía, aspirantes de lo que nos vendieron hace seis siglos. Hay un psiquiatra colombiano, llamado Luis Carlos Restrepo, que ha escrito un precioso libro, ya en el año ’94, que se titula El Derecho a la Ternura. Y en una de sus páginas plantea que la ternura ha sido expulsada de la academia. La palabra la podemos matizar si es ternura, si es cariño, si es afecto, si es buen trato, si es amabilidad, está bien. Porque es una categoría polisémica. Pero no figura como un componente necesario para la academia, porque estamos armados desde otra perspectiva. Lo que no quiere decir que en la universidad no haya docentes, no haya estudiantes que toman en cuenta esta dimensión. Y me parece interesante ver que en otras culturas hay maneras distintas de entender las cosas.

PREMISAS DE LA PEDAGOGÍA DE LA TERNURA Y SU RELACIÓN CON EL BUEN VIVIR

En el año ’71 nos reunimos cerca de dos mil maestros en el colegio Guadalupe, con el objetivo de prepararnos para la Reforma Educativa. En ese encuentro estaban presentes Paulo Freire e Iván Ilich, dos capos. Ilich se pegó un discurso centrado en que la escuela debe desaparecer. Todos los maestros estaban felices, la revolución ya estaba en la esquina. Fue electrificante. Termina su discurso y Paulo Freire estaba sentado, cabizbajo. ‘Le toca al doctor Paulo Freire’. Y él empezó así ‘eu saudade de mia mujer’ . Los maestros que estaban ya casi por tomar por asalto el poder, cambiaron de cara. Dijeron ‘¿qué le pasa a Freire que dice tengo nostalgia de mi mujer?’. ‘Son tres meses que no la veo, que vengo de Ginebra’, comentó. Todo el mundo, ¿este es Freire, que está pensando en su mujer en este momento?’. En general, fue una decepción de la grandísima. Freire dijo ‘si pudiera me iría inmediatamente a Brasil para estar con mi mujer’. ¿Por qué cuento esto? Yo he demorado 30 años en comprender esa imagen de Freire de dicho encuentro. Ilich hablaba de traer abajo todo, en muy buen tono y con muchos argumentos. Y Freire viene a decir ‘mi mujer’. En un clima de politización interesante, venir a hablar de que tengo nostalgia, puro subjetivismo, ‘está pensando en el cariño de su compañera, con eso no hacemos el cambio’. Pero después de 30 años, uno dice ‘¿qué es lo que le falta la educación?’. Le falta algo importante de lo que planteó Paulo Freire en esa oportunidad. Con todo derecho él podía decir hay otras dimensiones en la vida, que si no se toman en cuenta uno no es uno mismo. Estaba planteando toda la dimensión de la subjetividad, de la necesidad del afecto, del cariño, de sentirse rodeado por quien me quiere y a quien yo quiero. Era absolutamente tan revolucionario eso, como el otro discurso. No estoy diciendo que uno era bueno y el otro no. Lo que quiero decir es que son dos entradas distintas para entender el rol de la educación y la pedagogía. Freire nos colocó la necesidad de las relaciones amorosas, cariñosas, de cercanía. Con todo derecho: social, humano, personal y político decir ‘quién diablo me quiere a mí’. ‘Por lo menos mi mujer’, habrá dicho Freire. Demoramos, yo personalmente, para entender esa otra dimensión. ¿Se dan cuenta? Por eso me parecía genial lo que plantea Freire, porque eso hace referencia a la necesidad del equilibrio, de estabilidad, del desarrollo de esas emociones. Por eso pude entender la paciencia tanto de Ilich como de Freire para trabajar con los campesinos, para acompañar procesos de toma de conciencia. Creo que es la reivindicación de la dimensión de la subjetividad como un componente sustantivo para el desarrollo y el crecimiento.

Por tanto, la primera premisa es cómo articular lo político con la dimensión emocional, afectiva. Porque no era que Ilich fuese más político que Freire, no. Simplemente, uno expresó públicamente que esa dimensión le estaba faltando en ese momento. Una segunda premisa tiene relación con cómo cuadra en el contexto actual el discurso de la ternura. Pareciera algo ambiguo, porque, en efecto, si yo les pido ‘escriban qué entienden por ternura’, van a salir 150 mil expresiones y todas son buenas, todas pintan una dimensión. No obstante, cuando una mamá le dice a su hijo ‘te quiero’, en esa frase ¿se fue todo? No. El lenguaje no logra expresar la complejidad de lo que sentimos y de lo que vivimos. Hay un filósofo italiano, Giorgio Agamben, que dice ‘es mucho más lo que dejamos de decir cuando decimos algo, que lo que queremos decir cuando algo hemos dicho’. Parece un trabalenguas. Pero es interesante. Cuando uno le dice a un niño ‘yo te quiero, yo te aprecio’, más de lo que le he dicho se queda dentro de uno, como un sentimiento y una experiencia. El lenguaje es torpe para comunicar la complejidad de lo que vivimos y sentimos. Por eso uno le puede decir 150 mil veces a su niño, a su niña, a su enamorada, a su compañero, ‘te quiero, tú eres mi vida, etc., etc.’. Y siempre hay algo más por decirle. ¿Para qué digo esto? Para señalar la ambigüedad y los límites de este tipo de cosas. Límites y ambigüedades no quiere decir que no hay que hacerlo. Esa ambigüedad nos obliga a bucear.

Una tercera premisa: ¿cuál es el rol del afecto en el desarrollo humano? Si a nosotros alguien no nos hubiese querido en nuestras vidas, ¿estaríamos aquí sentados? Nadie de nosotros estaría aquí sentado. El filósofo alemán, Axel Honneth, señala que ‘si nadie nos reconoce no existimos ni para nosotros mismos’. Se dan cuenta qué importante es que no solamente yo sea docente, sino que establezca un vínculo de reconocimiento con las personas con las que me toca trabajar. Es comenzar un proceso para que el vínculo no termine en una invasión del otro, en una imposición del afecto y el cariño. El sociólogo francés Luc Boltanski, tiene un libro lindísimo sobre esta dimensión emocional y afectiva. Desde esta disciplina no existían este tipo de estudios, eso era propiedad de los psicólogos o de los médicos psiquiatras, pero para estudiar enfermedades y situaciones difíciles. Y Luc Boltanski tiene ese libro que se titula Justice et L’amour comme Compétences (El amor y la justicia como competencias. Tres ensayos de la sociología de la acción). Entonces, cuando en la escuela no hay suficiente espíritu de cariño y de afecto, se hace más difícil el aprendizaje. Cuando un niño sabe que uno lo estima, lo aprecia, aunque no rinda mucho, ese niño va a empezar a rendir.

ORIGEN DEL DISCURSO DE LA PEDAGOGÍA DE LA TERNURA

Pasemos al origen del discurso. Yo formó parte del Instituto Peruano de Educación en Derechos Humanos y la Paz, una cosa que nos vino de Chile. Y en el año ’91, dictamos un curso. Nosotros no podíamos ir a la Sierra a dar los cursos de Derechos Humanos, sino nos iban a decir ‘¿y estos, vienen a levantar a la gente acá?’. Entonces les pedimos que se vinieran a Lima. Y viene la compañera que dirigía estos cursos y me dice ‘Alejandro, ya están los profesores que han llegado de Cerro de Pasco, de Huancayo, de Huancavelica, sólo faltan los de Ayacucho que ya están llegando’. ‘¿Y?, le respondí’. ‘No vamos a dejarlos ahí esperando, porque no vas y les hablas’. Le dije ‘dame tres minutos’. Y me pregunté ¿de qué se le puede hablar a estos profes que vienen de ver cómo, tanto el terrorismo de Estado como el terrorismo eventualmente de los grupos alzados en armas, habían destrozado sus comunidades, habían violentado a algunas de sus mujeres, habían matado a sus animales?’. Entonces dije, acordándome de José Carlos Mariátegui, ‘es tiempo de afirmar’. ¿Y esto qué significa? ¿Qué es lo que se niega cuando hay pelotones que van a matar y asesinar? ¿Qué es lo que se está negando? Se está negando la vida y eso hay que “afirmar”, que la violencia no puede ser ni la palabra ni la estrategia para terminar con algún problema. En esa perspectiva, me dije a mí mismo ‘lo que este colega ha vivido es el desgarramiento y el destrozo de la vida, de su familia, de su comunidad. Habrá que hablarle de todo lo contrario, de la necesidad del afecto, del cariño, de la ternura. Yo les hablaré de la Pedagogía de la Ternura’. No es que era la primera vez en el mundo que alguien hablaba de la Pedagogía de la Ternura. O sea, la novedad no está en la palabra, la novedad está en qué contenido le estamos dando a esto de la Pedagogía de la Ternura. Bueno, ahí fue la primera conversación y los maestros reaccionaron positivamente y desde ahí se comenzó a construir. Sin embargo, el discurso sobre Pedagogía de la Ternura es un discurso inacabado y tiene que continuar siéndolo, porque no puede ser el resultado de un par de personas que se metan a escribir algo. Tiene que ser el resultado de un trabajo colectivo, de la construcción colectiva, y en eso se ha avanzado muchísimo en los distintos ambientes en los cuales se ha podido discutir. Esto de la Pedagogía de la Ternura nace así. Ha tenido otros nombres: Pedagogía del Amor, Pedagogía del Cariño, Pedagogía de la Amistad, hasta Pedagogía de Alegría. El episteme de la Pedagogía de la Ternura es la vida, lo vital. En ese contexto, hubo dos elementos que me parecieron bien importantes: la Educación Popular y la Teología de la Liberación. Son dos elementos que contribuyeron a repensar esto que llamamos una Pedagogía de la Ternura.

IMPERATIVO ÉTICO Y POLÍTICO DE LA PEDAGOGÍA DE LA TERNURA EN EL CONTEXTO ACTUAL

Por otro lado, quisiera abordar el siguiente tema: “el imperativo ético y político de la Pedagogía de la Ternura en el contexto actual”. El modelo civilizatorio, capitalista y neoliberal, que es el modelo implantado a nivel global, tiene varias características. Yo aquí me sumo al aporte del sociólogo argentino Francisco Puello Socarrás, voy a enumerar simplemente. Uno, él dice que es un modelo en donde la economía no es lo más importante, sino cómo se trafica con la riqueza acumulada. Dos, exige flexibilidad. El buen trabajador es el que es flexible, ‘te contrato por tres meses’, ‘te contrato mientras la profesora va a dar a luz’. ¿Saben lo que es la flexibilidad? Sométete, pero no de mala gana. Y esto viene desde el siglo XVI, cuando un joven que se llamaba Étienne de la Boétie escribió un manifiesto genial, que se titulaba La Servitude Volontaire, La Servidumbre Voluntaria. Hoy hay sociólogos que dicen que estamos en la tercera ola de la servidumbre. Quién de nosotros no es un siervo que produce riqueza para quien sabe quién. Todos estamos metidos en esto, aunque creamos que somos libres, que nadie nos presiona. Tres, este es un modelo resiliente, lo que quiere decir que sigue funcionando, no obstante que es consciente de sus propias limitaciones. Por lo tanto, significa que es capaz de transformar todo lo nuestro y darle otro giro, y siguen ganando plata por eso. Es un modelo, además, capaz de cooptar lo bueno que sale de otro lado. Por ejemplo, el tema que conversábamos con los chicos, salieron con su protagonismo, ‘somos protagonistas’. El Ministerio de Educación hace unos años colocó en la propuesta curricular como una línea transversal desarrollar el protagonismo de los niños. O sea, te cooptan el lenguaje y le meten otro contenido. Asimismo, este modelo es profundamente autoritario. Estamos en un sistema en donde, de una u otra manera, las cosas ya están decididas. Yo nunca me voy a olvidar cuando en el MIMP (Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables) estaba preparando el anterior Plan Nacional de Acción por la Infancia, y los niños trabajadores fueron consultados al último por un funcionario encargado. Y los chicos dieron varias opiniones críticas al respecto. ¿Saben lo que les dijo el funcionario? ‘Hubiéramos comenzado por acá’. Y le pregunto ¿por qué? ‘Porque ya está decidido lo que va a ser el Plan Nacional’. O sea, que era una formalidad esa consulta. Finalmente, es un modelo profundamente colonizador. Ya no es que gente de afuera nos venga a colonizar, entre nosotros nos colonizamos cuando queremos que se aplique en un contexto cultural algo que viene de otro contexto, cuando no se toma en cuenta el territorio en el que se está. Y se traen cosas y se terminan imponiendo. Este modelo es, además, controlador de las autonomías. Pero, al mismo tiempo, tiene un discurso simpático. Hay carteles inmensos en Lima que dicen ’25 años y soy jefe de mi misma. Yo mando’. Y todos dicen ‘autonomía, qué bien’. Que se enferme y veremos quién le pagará el seguro. Con el mascarón de la autonomía hay una dependencia fundamental en relación a los intereses del capital. Digo esto porque no podemos ir con un discurso de ternura cuando tenemos un monstruo de este tipo. Por tanto, la ternura tiene que devenir en una fuerza y virtud política. Política no en un sentido partidario, política en el sentido que tiene que ver con los demás. Por otro lado, somos una sociedad de la desconfianza y del riesgo. Somos, como dice Zygmunt Bauman, sociedades líquidas. Todo fluye en la sociedad, eso es lo que se llama la inestabilidad institucionalizada para tenernos siempre dispuestos, para no quedarnos atrás. Que te lleve la corriente.

Ese es el modelo que tenemos. Entonces, desde la Pedagogía de la Ternura, qué hacemos frente a esto, sino develar que es lo que está en juego detrás de este modelo civilizatorio. El capitalismo y su aceleracionismo, es decir, cada día hay inventos tecnológicos, de todo tipo que están aguardando. ¿Qué es lo que quiero decir? En 15 días puede venir aquí una nueva tecnología informática y demostrarnos que las cosas tienen fecha de caducidad. Para todo. Esa aceleración genera inestabilidad. Rapidito uno está atrasado, no porque uno quiera, sino porque las cosas cambian y uno no está al día. A esto hay que añadir que estamos en una sociedad que promueve el hiperindividualismo: tú piensa en ti y en nadie más. ¿Qué quiere decir esto? Que si triunfas todos los méritos son para ti. Si fracasas, es tu culpa. Por eso la organización de los chicos y chicas, no es una sumatoria de individuos, sino que es una manera distinta de entender la vida. Este hiperindividualismo lo que trae es lo que algunos han llamado la impolítica, que quiere decir un desánimo frente a lo político. Frente a todos los problemas que hay, de corrupción y sociedades anónimas, muchos dicen ‘chuta, para qué meterse en eso. Mejor redes sociales nomás, ahí uno pone todo lo que quiera’. Está bien. Por otro lado, hay crisis profunda de las organizaciones sociales, en especial la de los sindicatos, incluido el de maestros. ¿Por qué? Porque hoy no tienen los efectos que uno esperaba hace unos años atrás. Por tanto, hay una crisis de las formas organizacionales de los trabajadores a nivel global. Es por ello que lo que viene como horizonte es una reinvención de qué forma de organización hay que ir construyendo para poder sembrar. Les pinto esto porque esta es una sociedad del espectáculo, como diría Pierre Bourdieu, es decir, una sociedad en donde lo que cuenta es lo que luces y, por tanto, tienes que volverte competitivo. Si no eres capaz de competir, te autoexlcuyes. Es como los chicos y chicas que se presentan a la universidad y después dicen ‘no logre entrar’. ‘Es tu problema’. Y no nos hemos preguntado ¿qué pasa en la escuela secundaria? Otro elemento que me parece interesante es constatar que somos la sociedad del número, del porcentaje. Lo que no se puedo medir, no existe. Y no está la interpretación del número, lo que está son los datos. Por eso es que hay una crisis de la filosofía. Entonces, cuando decimos que, de una u otra manera, somos la sociedad de la aritmética y del gráfico, esto lo decimos para que la realidad sea creíble. Lo cuantitativo se ha montado sobre lo cualitativo. Se necesitan los números, claro. Pero yo no me puedo mover sólo por números, a mí me interesa saber qué me dicen esos números y qué conclusiones sacamos de ahí. Lo digo no para despreciar las mediciones, sino para no endiosarlas como el criterio con el cual conocemos los fenómenos sociales. Se dice que estamos en la sociedad del conocimiento, yo diría que estamos en la sociedad del desconocimiento de grandes sectores de la población. Acaso los niños y niñas están realmente reconocidos. Acaso los ancianos están realmente reconocidos. Acaso las personas que tienen algún tipo de discapacidad. Acaso los enfermos terminales. ¿Y qué pasa con los medios de comunicación social? ¿Fomentan las relaciones armoniosas o menos agresivas en la sociedad? O Esto es Guerra (Reality show peruano de competencias), ¿es lo que interesa? Me parece interesante la expresión que utiliza. ¿Podemos colocar la Pedagogía de la Ternura si cuando se entra ahí hay que saber competir, hay que saber derrotar, hay que ser más fuerte que el otro, hay que vencer, hay que aplastar?

LA PEDAGOGIA DE LA TERNURA Y EL BUEN VIVIR

Último punto, el Buen Vivir. Nuestros pueblos tienen una forma de pensar que es distinta. En el mundo occidental se habla de la racionalidad, la cosa tiene que ser bien ordenada, lógica, formalmente que se sostenga. Nuestros pueblos originarios, no. La racionalidad no es el criterio central, sino la relacionalidad, la calidad de las relaciones que establecemos con los demás y con la naturaleza. El criterio para medir la relacionalidad, es la capacidad de relacionarnos de otra forma que no sea la competencia, la animadversión. Hay un texto que les puede interesar que se llama La Filosofía Andina que es de Josef Estermann, un suizo que vivió 15 años en el cuzco y otros 15 años en Bolivia, él es filósofo, es teólogo, y ha escrito varios volúmenes. Yo les recomiendo el de la Filosofía Andina y Pueblos Originarios. En una clase yo hablé de la solidaridad. Una chica levantó la mano y expresó ‘no estoy de acuerdo, profesor’. ‘¿Cómo?’. ‘Nuestra experiencia en el campo, era de Cajamarca, es que solidaridad es alguien que viene y me da algo, o sea, siempre hay una mano que desde arriba te da algo y tú estás abajo, y recibes. No es buena palabra, dijo. Entre nosotros no hablamos así. Hablamos de reciprocidad’. No es que no exista la solidaridad, pero estaba marcada por el asistencialismo. Estaba marcada por la compasión falsa. Por la consideración en menos del otro. La reciprocidad significa que somos iguales. Es decir, nos tratamos horizontalmente. Hay categorías como, por ejemplo, la equivalencia. ¿Qué es la equivalencia en nuestras comunidades originarias? Un niño equivale a un adulto. Un adulto equivale a un niño. En los ritos, en las ceremonias que se hacen, sino está el adulto lo va a suplir un niño. No es que está imitando al adulto, como se dice de los niños trabajadores que son adultos prematuros. La equivalencia quiere decir que somos intercambiables dentro de un mundo simbólico. Por otro lado, está el tema de la espiritualidad. La espiritualidad no es sinónimo de religión. Ustedes, acaso, no creen que tengan espiritualidad nuestras comunidades amazónicas. Lo que pasa es que se les ha impuesto algún tipo de religión, sea católica, sea evangélica o protestante. Porque las religiones también son un camino para dominar y para someter. Nuestras comunidades originarias tienen sus propios dioses, tienen sus propias creencias. No hay que mirarlos como paganos, que no entienden. Por favor, ¡cómo articulan espiritualidades distintas! Dos, el arte. ¿Se puede hacer arte si no hay cariño, si no hay ternura por la vida, por el propio cuerpo? Yo creo que no. Un artista es un depósito de espiritualidad, pero de espiritualidad en un sentido más laico, más profano de la expresión. No valoramos eso. ¿Qué significa el canto, la música? ¿Qué significa la danza? ¿La poesía? Está en juego el cuerpo, como lenguaje, como expresión. Somos nuestro cuerpo y nada más que nuestro cuerpo. Es muy importante, porque somos espíritus corporizados y somos cuerpos espirituales. Eso le pasó a un jesuita que vivió toda su vida con comunidades en el Asia ¿y saben lo que decía este jesuita? ‘Las rocas tienen espíritu’. Sus compañeros, ‘este está chiflado’. O lo que dijeron ustedes esta mañana, ‘el agua me habla. El viento me dice algo. Las plantas son interlocutoras’. A este jesuita lo descalificaron: mal teólogo, pésimo filósofo. Y hoy día, todo el mundo dice los “apus”, los cerros, los montes, el árbol. ¿Qué es lo que quiero decir? Por la racionalidad occidental, nosotros hemos perdido esas otras dimensiones. La Pedagogía de la Ternura tiene que recuperar esta dimensión de relaciones afectivas, afectuosas, entre seres humanos, pero también frente a la naturaleza, como muy bien se dijo acá. Una conciencia alegre. La alegría es expresión de ese Buen Vivir. Por eso es que hay tantas fiestas en las comunidades, porque en la alegría uno expresa lo más profundo. La Pedagogía de la Ternura tiene que trabajar un proyecto educativo cultural que pueda hacerle frente al contexto actual, y ahí el cariño, el afecto, el buen vínculo y la relación, es fundamental. Creo que hay que aprender a canalizar la dimensión erótica de cada uno de nosotros, porque el erotismo es la defensa de la vida frente a cualquier forma de muerte. El erotismo no es lo que uno piensa, pura sexualidad, no. Es la energía y la pasión por defender la vida. Y finalmente, la Pedagogía de la Ternura tiene que ser para nosotros una virtud ético-política, porque toca la vida del ser humano y de todo lo que es vida. Va a la vida esencial en todas sus expresiones. No solamente porque ya no tenemos el agua que teníamos antes o los bosques que teníamos antes, sino que eso es parte de la vida de uno. Hay gente que lo siente como que le han cortado algo a su propia vida. No todos tienen en la sociedad esta sensibilidad por estas tierras. De estas tierras tiene que nacer un nuevo discurso sobre esta Pedagogía de la Ternura que articule dimensiones que en una ciudad, puro cemento y pura basura tirada, no lograremos. Los maestros y maestras, para ser educadores, creo que es bueno que podamos entrar a contribuir a una reelaboración de la Pedagogía de la Ternura.


* Alejandro Cussiánovich. Transcripción y edición de la conferencia magistral La Pedagogía como componente del Buen Vivir. Auditorio del Crisap, Universidad Nacional de la Amazonia Peruana. Iquitos, Perú. 31 de enero de 2018

** Buen Vivir en Quechua

*** Buen Vivir en Aymara

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