“La intención es que los niños y las niñas del territorio tengan la posibilidad de ser libres desde la primera infancia, crecer sin miedos”. Entrevista a Leonardo, profesor*.

Imagen obtenida desde internet

Imagen obtenida desde internet

Entrevistador (E): Nos encontramos con Leo, que es un profesor de Tirúa, que también es un tallerista que en este encuentro está realizando un taller de pintura para niños de la edad de prebásica y básica inicial. Cuéntanos específicamente ¿qué estás realizando en el taller?, ¿qué les acabas de mostrar o, más bien, construir con los pichikeche en esta instancia?

Leonardo (L): Básicamente lo que hoy día estamos haciendo es apoyar a las mamás y a los papás que querían incorporarse a los talleres de adultos y se veían un poco imposibilitados de poder hacerlo porque estaban con sus niños de uno o dos años, y no habían talleres programados para ellos. Entonces, como yo soy colaborador de la Red, hicimos un taller con los más pequeños. Comenzamos con una, con dos y al final terminamos haciéndolo como con siete chiquititos de uno, dos y tres años.

E: Niños chiquititos. ¿Qué tal la recepción?

L: Primero, súper bien. Los niños y las niñas se han dado súper bien con respecto a lo que se estaba haciendo, que era básicamente trabajos de pintura y de ciertas lógicas de poder. Por ejemplo, recortar figuras e ir incorporándolas en los lugares en donde debían calzar. También trabajaron con material de goma eva, con palitos de helado, con globos, con varios materiales que tienen que ver básicamente con el hecho de que los chiquititos tengan la capacidad de poder manipular ciertas cosas, ciertos materiales, que habitualmente en la casa o en las escuelas también no pasa eso. Pasa que hay una cierta, desde la educación, hay una limitación como general. En la mayoría de los colegios, por lo menos de la experiencia que a mí me ha tocado, a los chiquititos no se les permite ensuciar, hay lugares donde se les quita los lápices de colores. No se les permite, en el fondo, explorar, que es la forma en la cual ellos aprenden. En realidad, la forma en la que todos aprendemos. Explorando y manipulando la diversidad de elementos que existen. Eso, principalmente.

E: Como objetivos, en tanto exploración y todo, en relación a los hechos de violencia y todo lo que genera, el estrés que genera en los pichikeche, ¿más menos, cuál es tu idea y objetivo con lo que están haciendo?

L: La intención, principalmente, es que los niños y las niñas del territorio tengan la posibilidad de ser libres desde la primera infancia, crecer sin miedos. Es un poco difícil, en el sentido de que nosotros en el territorio, al menos en el territorio lafkenche que es el territorio entre Cañete y Tirúa y también más hacia el sur, desde hace mucho tiempo existe represión importante en el territorio, pero más que todo ahora en este último mes ha sucedido que las fuerzas represoras del Estado han llegado con una actitud de guerra.

E: Se han exacerbado los niveles de violencia…

L: Sí. Y, además, ha sido sistemático. Eso es lo que es súper preocupante. Por lo menos nos preocupa a nosotros el hecho de que ha sido sistemático el acoso y la intimidación en las escuelas. Yo trabajo en dos escuelas. Una escuela en Cañete, al sur de Cañete que colinda con Tirúa. Y otra escuela en Ponotro. Estas son dos escuelas que el 70%, inclusive en la de Cañeta el 80%, de sus estudiantes son estudiantes de comunidades, son muy pocos los estudiantes de la ciudad o de los pueblos cercanos, sino que son estudiantes de comunidades y del campo. Y son, en el fondo, niños y niñas que son hijos del conflicto, en donde los papás muchas veces se han visto involucrados o los familiares se han visto involucrados en hechos de violencia, en persecución por parte de las policías; han sucedido un montón de hechos de violencia estatal. Karla, que es una compañera que también trabaja en Tirúa, con otros compañeros también, están trabajando en un informe para poder documentar esas situaciones, que son muchas situaciones, de secuestros, de abusos, de acosos, etc. Pero, principalmente y volviendo a la pregunta que me realizas, esencialmente nosotros tratamos que nuestros niños, nuestros estudiantes, nuestras niñas también, de la primera infancia tengan la capacidad de poder experimentar la libertad. Y experimentar la libertad significa, por ejemplo, en lo que estamos haciendo ahora, de que ellos puedan no estar limitados ni estructurados en una actividad, sino que tener la posibilidad de que ellos puedan manipular lo que ellos sientan que quieren manipular. No existe una estructura de decir ‘no, mira vamos a trabajar con estos colores o sólo con este material’. Por el contrario, está todo a su disposición y ellos, que tienen uno o dos años, pueden ir y tener la capacidad y libertad de elegir. Entonces, esa capacidad de los estudiantes, de los niños y niñas, de poder elegir desde el primer momento, es ejercer elementalmente la libertad.

E: En relación a lo que planteas, la observación que tú obtienes, digamos, en el trabajo sistemático y en estos marcos súper libres, de esta acción libre de ejercer pedagogía y educación popular, llamémoslo así si es que se puede conceptualizar de alguna manera, ¿cuáles son las observaciones que has hecho en un proceso de transformación con los chicos, has evidenciado cambios, ha cambiado su manera de ver estas situaciones?

L: Sí. A ver, una de las escuelas que te comentaba al principio es la escuela de Ponotro, que es un sector 10 km al norte de Tirúa, que está en la comuna de Tirúa pero no en el pueblo. Un sector donde existen cuatro comunidades, y trabajo en una escuela multigrado, que es una escuela de 17 estudiantes. Y todos los estudiantes, o la gran mayoría de ellos, son estudiantes que vienen de vuelta del sistema, o sea, que estuvieron en una escuela, que estuvieron en otra y que sus mamás y ellos mismos también se aburrieron de esta manera formal, por decirlo de algún modo, de educación, donde está todo estructurado, y los niños de alguna forma fracasan en esa línea o manera de estructurarse la escuela. Los equipos de integración en el fondo se aburrieron, tanto el equipo de integración, las profesoras y profesores y las demás personas que trabajan en integración, como también los estudiantes y sus familias. Entonces, llegaron a la escuela que te comento, que es la escuela de Ponotro, y esta escuela hace unos años atrás se había transformado en una escuela, que era para el Daem de Tirúa como una escuela donde llegaban todos los niños y niñas problemas. Llegamos a esa escuela a finales del 2016, pero ya formalmente el 2017, y comenzamos con las personas que trabajan ahí a levantar justamente los métodos que te comentaba que es, por ejemplo, metodología Waldorf, metodología Montessori, en donde trabajamos, para darte un ejemplo, en todos las escuelas tú ves que está todo como inmaculado, o sea, tú entras a una biblioteca y esta está súper estructurada y completamente inalcanzable de pronto los libros para los estudiantes. Todo muy bien organizado, todo muy estructurado. Pero eso es desde la visión del adulto. Por otro lado, sabemos que la educación es un proceso dialógico, o sea, hay un encuentro de lógicas y de formas de hacer o deshacer. Entonces, el profesorado, y ahí también hago una autocrítica asumiéndome como profesor de matemáticas, porque también vengo de esa quimera, de la matemática, de la ciencia dura, trabajando con adolescentes en liceos, y empecé a bajar, o sea, a bajar de edades, hasta que llegué a lo que hoy día tú viste, que es el taller con chiquititos de uno, dos y tres años. Pero en la escuela estoy trabajando con niños, por ejemplo, el tema de la enseñanza de la lectura. Entonces, todos esos estudiantes que en un momento eran tremendamente problemáticos en las escuelas donde ellos estaban, están en esta escuela y nosotros estamos luchando también en contra de las estructuras, por ejemplo, del Daem, que nos exige todo el rato ser sistemáticos, una cuestión súper ordenada, y que los niños no pueden hacer: y esto otro, que las clases son de 90 minutos, ni un minuto más ni un minuto menos. Entonces, nosotros hemos tenido que luchar en contra de eso. Hemos tenido también que luchar en cierta forma con ese interés y esa instrumentalización de los apoderados muchas veces con respecto a las notas, a las calificaciones, ya que el apoderado no se preocupa tanto si el niño está aprendiendo o no, se preocupa más bien de cuál es el promedio de notas que tiene, cuáles son los resultados. Entonces, nosotros hemos ido socavando un poco ese pensamiento, y hemos llegado al día de hoy en donde tenemos estudiantes convencidos de que quieren aprender, que es lo primero. O sea, yo para que un niño o una niña quieran aprender tengo que primero mostrarle y motivarlo de que es necesario aprender y que no es un castigo hacerlo, o sea, que no es un castigo leer, que no es ‘no, estás castigado, te vas a la biblioteca o te vas a leer a tu pieza’, no. Nosotros hemos ido trabajando eso con los apoderados, con las niñas y niños también, y hemos tenido excelentes resultados. Hoy día en una escuela en donde teníamos conflictos graves, poco menos para judicializarlos hace unos años atrás, hoy día no tenemos problemas, o sea, problemas pequeños, cotidianos, pero no tenemos problemas, por ejemplo, de agresiones. Antes había problemas de agresiones, había niñas que en el casino a la hora de almuerzo agarraban las sillas y se las tiraban a la tía de la cocina, y le decían varios garabatos e improperios. Así chorizamante. Porque también tenemos niños que vienen de esta cuestión de la transculturación, niños de poblaciones, algunos de Santiago, que llegaron también al territorio y el territorio igual de cierta forma tiene una choreza rural, campesina y mapuche. Pero estos cabros que vienen de Santiago o de alguna otra ciudad, en el fondo que vienen de una pobla, vienen también con ese ímpetu chorizo y de querer llevarla en todos los lados que pisen. Entonces ahí, justamente ese tipo de relaciones eran las que se daban…

E: Un choque subcultural brígido…

L: Claro. Y, bueno, hasta el día de hoy igual eso está latente, pero hoy día está dentro del panorama de la reflexión. No está en el panorama de la acción punitiva. Eso se logró simplemente con una cuestión constante, metódica, de todos los días, o sea, si el cabro chico decía 10 garabatos, tú le decías 20 veces que no tenía que decir garabatos. Y si tenías que parar la clase e interrumpir todo el tiempo, lo hacías. De repente ni siquiera se podía hacer la clase, ni siquiera podías avanzar, entre comillas, dentro de lo que significa los programas y el curriculum, que, por lo demás, ahí está el atado con el Daem. Porque el Daem decía ‘pero cómo. La cobertura curricular’, y todo el mundo preocupado de la cobertura curricular y nadie se preocupa si el cabro chico quiere o no aprender o si está feliz o no…

E: Siempre poniendo la carreta delante de los bueyes…

L: Claro. Entonces nosotros decidimos parar. Esto igual ha provocado que desde el Daem y desde un montón de lados nos tienen súper observados, y no nos han echado porque los apoderados nos han defendido, porque los apoderados se han ido en contra y han dicho ‘si ustedes echan al profesor o la profesora…’.

E: O sea, en definitiva las mamás y los papás están evidenciando la transformación…

L: claro. De hecho, este año, es súper paradójico, este año 2018 pasó algo peculiar en la escuela. Nosotros el año pasado teníamos alrededor de 19 estudiantes, de esos 19 estudiantes que van de primero a sexto básico, y después de este curso se deben ir a otra escuela. Teníamos a cinco estudiantes de sexto básico, quedamos con 14 estudiantes de los otros cursos, y hoy en día tenemos 17, o sea, llegaron estudiantes y no cualquiera, llegaron estudiantes que son hijos de funcionarios públicos, de la municipalidad. En otras palabras, estudiantes con un alto nivel cultural, donde los papás de han preocupado y ellos mismos se acercaron a la escuela y conversaron con nosotros, y básicamente lo que a ellos les llamó la atención es, justamente, que es una escuela, ellos dicen, alternativa al sistema o como que está en la periferia del sistema, porque, por ejemplo, nosotros no privilegiamos estándares y resultados que enfatizan ciertas asignaturas como matemáticas y lenguaje. Nosotros lo que hacemos es todo lo contrario, sacamos horas de estas asignaturas y salimos de la escuela, vamos a salidas pedagógicas. Tenemos a cuatro kilómetros una playa virgen, maravillosas en Ponotro; tenemos bosques nativos (que estoy siendo repetitivo, porque, en realidad, tenemos bosques, lo otro son plantaciones). Entonces, las niñas y niños están felices, están contentos, van alegre a la escuela. Y tenemos estos estudiantes que son hijos de funcionarios del Daem, pero funcionarios que son obviamente más conscientes y que quieren que sus hijos no solamente aprendan lo que corresponde a lo normal, entre comillas, sino que también sean felices. Con una impronta de más libertad. Y nosotros estamos súper contentos con esto, súper orgullosos, pero también con harto trabajo encima, porque en el fondo es transformar no solamente los temas curriculares, no solamente hacer modificaciones y transformaciones metodológicas de la enseñanza, sino también hay trabajo en transformar los espacios. Tenemos una banda escolar, niños y niñas que tocan rock, que tocan bajo eléctrico, guitarra eléctrica, batería con amplificación, entonces hemos tenido que movernos para que nos lleguen recursos para poder tener este tipo de cosas. Y muchas veces hemos tenido que apelar o postular a proyectos por fuera, desarrollando un poco la autogestión. Con la personalidad jurídica de los apoderados o con los profesores hemos debido organizarnos, o también el director que está todo el rato pendiente a qué fondo se puede postular.

E: Leo, yo te quiero hacer una consulta en relación al rol que cumple la Red que está organizando este encuentro, la importancia de la Red, la importancia de generar trabajo sistemático, la importancia de instalar instancias y debates, y discusiones y prácticas distintas en relación a la cotidianidad de niños y niños violentados, y de comunidades, o que les cuesta mucho salir y llegar a otros contextos y que no tienen la posibilidad a lo mejor de estar en una escuela con profesores conscientes, que intentan desarrollar otras prácticas educativas. ¿Qué opinión te merece este trabajo que vienen desarrollando?

L: Bueno, a mí me parece un trabajo, porque ustedes saben y me imagino que la gente también, que no es un trabajo que a la gente que organiza este encuentro le paguen, o sea, nosotros lo hacemos, y las chiquillas lo hacen, porque es una necesidad hoy día. Sabemos que existen un montón de instancias y un montón de organizaciones que también trabajan con infancia, pero la mayoría de esas organizaciones, sin querer insultar a las personas que en ellas trabajan, porque yo creo que en todo lugar hay personas que son honorables, por decirlo de alguna forma, no lo hacen desde el mismo sentido que se hace acá. En esa perspectiva, sentimos que es súper necesario el trabajo autónomo, el trabajo autogestionado, y la preocupación que, sobre todo las chiquillas de acá del territorio han desarrollado durante varios años ya con nuestros pichikeche que han sido violentados tanto en sus comunidades como en sus pueblos, en ciudades, en Temuco, en Ercilla, en Vilcún, en Tirúa, etc. Y ese tipo de violencia nosotros sabemos que, como la ejerce el mismo sistema, es súper difícil que el mismo sistema actúe rápidamente y actúe más que rápidamente, actúe en términos legales, sino que se preocupe de la emocionalidad del estudiante, de la estudiante o del niño o niña. Y no sólo de los niños y niñas, sino también de sus familias porque, por ejemplo, si yo mismo, yo soy yo y mi compa y dos niños, si yo me voy preso, por cualquier cosa, ya, todo el mundo dice ‘una cruzada por el peñi que está preso’, pero eso puede ser mediático, pero en el núcleo, o sea, quién, por ejemplo, para el trabajo en el campo, quién apoya ese trabajo; para el trabajo de la contención para los niños, que siguen yendo a la escuela y que van con miedo porque para que se hayan llevado preso a su padre, por ejemplo, tiene que haber existido un allanamiento y todo lo que este implica, que en el fondo es una cuestión traumática, porque entran a tu casa, ya sea de noche o de día, y las fuerzas policiales no van a entrar así como ‘hola, señora, sabe que yo vengo a entregarle una cautelar’. No, los carabineros o la PDI entran así como en un Estado de guerra, peor que en un allanamiento a un narcotraficante. Entonces, son cosas que son súper cotidianas, en el sentido de que cuando tú lo ves y lo vives te marcan. Además, también son súper mediáticas. Entonces, tratar de ir bajando un poco el tema mediático, el trabajo que hacen las chiquillas es como bajar el tema mediático y preocuparse más de lo cotidiano. De lo que no se preocupa habitualmente el sistema, porque eso igual implica un amedrentamiento. Hay un montón de peñis y lamgnen jóvenes, que han sido perseguidos, metidos presos, y pasa un año, dos años, y los sueltan. Y es como ‘ah, chuta, en realidad no pudimos reunir todas las pruebas, el Ministerio Público no sé qué. Se pueden ir’. Esos dos años quién, de dónde, cómo los recuperas, cómo lo haces. Entonces ahí es súper importante el apoyo de las chiquillas y el apoyo de la gente que está en la causa, y más que en la causa yo creo que tiene sentido común de que si yo estoy viviendo en el territorio por muy apellido mapuche que tenga o no, o por mucho que te sientas parte de un pueblo originario, es una cuestión de sensibilidad. Es lo mismo que pasa en la pobla con tus vecinos, con tus vecinas, que es una cuestión de sensibilidad. Si no nos preocupamos nosotros mismos de nosotros mismos, nadie se va a venir a preocupar. Entonces por esa línea súper bien, contentos.

*Entrevista a Leonardo, profesor. Segundo Txawun Pichikeche Red por la Defensa de la Infancia: Infancia Libre y sin Represión. Panguipulli, 18 y 19 de agosto. Cobertura realizada por la Red de Medios de Los Pueblos.

Comparte con nosotr@s : Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *