La educación de los pueblos indígenas en el derecho internacional de los niños, niñas y adolescentes

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En la Convención sobre los Derechos de los Niños existen varios artículos que hacen referencia directa a la diversidad cultural y a la interculturalidad desde distintas perspectivas. Asimismo, en su preámbulo señala claramente que en su aplicación se debe tener “debidamente en cuenta la importancia de las tradiciones y los valores culturales de cada pueblo para la protección y el desarrollo armonioso del niño” (CDN, preámbulo).

En esta misma línea, los principios de la Convención establecen criterios que permiten comprender la incorporación de elementos clave al momento de analizar los derechos de los niños indígenas. En este sentido, el principio de No Discriminación es uno de los pilares fundamentales, la Convención en su artículo 2 establece que “Los Estados Partes respetarán los derechos enunciados en la presente Convención y asegurarán su aplicación a cada niños sujeto a su jurisdicción, sin distinción alguna, independientemente de la raza, el color, el sexo, el idioma, la religión, la opinión política o de otra índole, el origen nacional, étnico o social, la posición económica, los impedimentos físicos, el nacimiento o cualquier otra condición del niño, de sus padres o de sus representantes legales” (CDN, artículo 2).

Es así que la Convención se constituye en uno de los principales instrumentos jurídico internacional que reconoce explícitamente la diversidad cultural como un componente esencial para la protección y el desarrollo armonioso de los niños pertenecientes a los pueblos indígenas. Los artículos que hacen referencia explícita a la consideración de las particularidades de los niños indígenas abordan distintas materias, lo que da cuenta de la noción de un desarrollo integral de los niños. En este sentido, el artículo 17 hace clara alusión a que los Estados deben procurar que los medios de comunicación tengan presente las particularidades lingüísticas de estos niños, señalando que los Estados “Alentarán a los medios de comunicación a que tengan particularmente en cuenta las necesidades lingüísticas del niño perteneciente a un grupo minoritario o que se indígena” (CDN, artículo 17).

Respecto a los objetivos de la educación, la Convención es clara en señalar que es el Estado el que debe garantizar su pleno desarrollo y que debe “…reconocer que la educación debe ser orientada a desarrollar la personalidad y las capacidades del niño, a fin de prepararlo par una vida adulta activa, inculcarle el respeto de los derechos humanos elementales y desarrollar su respeto por los valores culturales y nacionales propios y de civilizaciones distintas a la suya” (CDN, artículo 28). En este sentido, es el artículo 29 de la Convención el que establece cuáles son los propósitos de la educación, entre los que se destacan: “a) Desarrollar la personalidad, las aptitudes y la capacidad mental y física del niño hasta el máximo de sus posibilidades; c) Inculcar al niño el respeto de sus padres, de su propia identidad cultural, de su idioma y sus valores, de los valores nacionales del país en que vive, del país de que sea originario y de las civilizaciones distintas de la suya; d) Preparar al niño para asumir una vida responsable en una sociedad libre, con espíritu de comprensión, paz, tolerancia, igualdad de los sexos y amistad entre todos los pueblos, grupos étnicos, nacionales y religiosos y personas de origen indígena” (CDN, artículo 29). Como se logra apreciar, es este artículo el que entrega las directrices para el desarrollo de una educación acorde a los contextos culturales de los educandos, poniendo énfasis, entre otras cosas, en que esta debe inculcar el respeto a su propia identidad cultural, de su idioma y sus valores; así como desarrollar un espíritu de comprensión, paz, tolerancia e igualdad entre los sexos y amistad entre los pueblos, incluidas las personas de origen indígena. Sin embargo, es el artículo 30 el que sienta las bases para el desarrollo de una educación intercultural plena, al indicar que “En los Estados en que existan minorías étnicas, religiosas o lingüísticas o personas de origen indígena, no se negará a ningún niño que pertenezca a tales minorías o que sea indígena el derecho que le corresponde, en común con los demás miembros de su grupo, a tener su propia vida cultural, a profesar y practicar su propia religión, o a emplear su propio idioma” (CDN, artículo 30).

Debido a las particularidades de los niños indígenas, el Comité de los Derechos del Niño elaboró la Observación General Nº 11 que desarrolla en profundidad los aspectos más importantes de los derechos de los niños miembros de pueblos indígenas contenidos en la Convención. Asimismo, analiza las condiciones en las que viven y qué característica posee la aplicación de la Convención a sus propias realidades. De este modo, la Observación Nº 11 señala en su introducción que “…en contra de los dispuesto en el artículo 2 de la Convención, los niños indígenas continúan siendo objeto de graves discriminaciones en una serie de ámbitos, en particular su acceso a la atención de salud y a la educación, lo que ha llevado a aprobar la presente observación general”. Lamentablemente, y a pesar de los progresos respecto a los derechos humanos, los pueblos indígenas aún siguen siendo víctimas de graves vulneraciones que, incluso, han costado la muerte de miles de ellos. En este sentido, aún siguen siendo víctimas del arrebato de sus tierras; de la contaminación del medioambiente en que se emplazan; de la imposición de una educación que no respeta sus propios valores, culturas, tradiciones y modos de formación de sus miembros. Asimismo, han sido víctimas de la criminalización debido a sus movilizaciones y protestas que han desarrollado para defender no sólo sus culturas y modos de vida, sino que los recursos naturales que, progresivamente, han sido ambicionados por grandes corporaciones. De este modo, han sido desplazados de sus comunidades de forma violenta, sus ríos, tierras y campos han sido contaminados por la acción de megaproyectos que se han indo instalando en sus territorios. Lo anterior, ha provocado, entre otras cosas, que miles de indígenas deban migrar a las ciudades debido a la falta de tierras para desarrollar su vida acorde a su cultura.

Esto ha traído graves consecuencias en la formación y educación de los niños al amparo de sus propios modos de formar y educar, alejándolos, por ejemplo, de la intrínseca relación con la naturaleza que los pueblos indígenas establecen. Es por ello que distintos instrumentos de derecho internacional han puesto énfasis no sólo en que los Estados y grandes empresas deben respetar la cultura y formas de vida de los pueblos indígenas, sino que también se deben resguardar los modos en que estos educan a sus niños. De este modo, la Observación General Nº 11 señala que “La educación de los niños indígenas contribuye tanto a su desarrollo individual y al desarrollo comunitario como a su participación en la sociedad en un sentido amplio. Una educación de calidad permite que los niños indígenas ejerzan y disfruten sus derechos económicos, sociales y culturales en su beneficio personal y en beneficio de su comunidad. Además, refuerza la capacidad de los niños para ejercer sus derechos civiles a fin de influir en los procesos políticos para mejorar la protección de los derechos humanos. Así, la realización del derecho de los niños indígenas a la educación es un medio esencial de lograr el reconocimiento de derechos a las personas, y a la libre determinación de los pueblos indígenas” (Observación General Nº 11, párr. 57).

No obstante esto, los niños indígenas aún siguen siendo víctimas de graves discriminaciones; la educación que se les imparte no ha respetado sus formas de vida, su cultura y sus tradiciones. Lo anterior ha traído consigo que en la actualidad sea posible observar que los niños indígenas presentan menores niveles de escolarización, así como preocupantes cifras de deserción escolar. La ausencia de centros de enseñanza que se emplacen en sus propias comunidades y de profesores con las competencias idóneas, también ha jugado en contra de sus procesos formativos. Esto lo deja en claro la Observación General Nº 11 al señalar que “… en la práctica los niños indígenas cuentan con menos probabilidades de escolarización y siguen teniendo tasas más elevadas de deserción escolar y de analfabetismo que los no indígenas. El acceso de la mayoría de los niños indígenas a la educación es inferior a causa de diversos factores, como la insuficiencia de centros de enseñanza y maestros, los costos directos e indirectos de la educación y la falta de un programa de estudios culturalmente ajustado y bilingüe, de conformidad con el artículo 30. Además, los niños indígenas suelen hacer frente a la discriminación y al racismo en el entorno cultural” (Observación General Nº 11, párr. 59).

Por otro lado, se debe tener presente que los derechos de los niños indígenas están estrechamente vinculados con los de los pueblos de los que son parte. Es por ello que en el desarrollo del derecho internacional respecto a los derechos humanos, el Convenio 169 de la OIT sobre los pueblos indígenas y tribales, establece “…dos postulados básicos: el respeto de las culturas, formas de vida e instituciones tradicionales de los pueblos indígenas, y la consulta y participación efectiva de estos pueblos en las decisiones que les afecten” (Convenio 169, 1989: 8). Si bien el Convenio 169 regula y entrega los lineamientos para el derecho a la consulta por parte de los pueblos indígenas, también aborda el tema de la educación, teniendo presente la estrecha relación entre los derechos de los niños y los derechos de los pueblos indígenas. De este modo, en el artículo 27 señala que “Los programas y los servicios de educación destinados a los pueblos interesados deberán desarrollarse y aplicarse en cooperación con éstos a fin de responder a sus necesidades particulares, y deberán abarcar su historia, sus conocimientos y técnicas, sus sistemas de valores y todas sus demás aspiraciones sociales, económicas y culturales”. (Convenio 169, Artículo 27, párr. 1). Como se logra apreciar, para el Convenio 169 es primordial que los sistemas educativos se desarrollen con la cooperación de los mismos pueblos indígenas y que estos incorporen sus saberes, tradiciones y aspiraciones. En términos de educación intercultural, esto significa que los pueblos indígenas, en colaboración con los gobiernos, pueden hacerse cargo de sus propios sistemas educativos, siempre y cuando no estén en discordia con las disposiciones nacionales: “Además, los gobiernos deberán reconocer el derecho de esos pueblos a crear sus propias instituciones y medios de educación, siempre que tales instituciones satisfagan las normas mínimas establecidas por la autoridad competente en consulta con esos pueblos. Deberán facilitárseles recursos apropiados con tal fin (Convenio 169, Artículo 27, párr. 3). Lo anterior también es señalado por la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos, al indicar que “Los pueblos indígenas tienen derecho a establecer y controlar sus sistemas e instituciones docentes que impartan educación en sus propios idiomas, en consonancia con sus métodos culturales de enseñanza y aprendizaje (Declaración, Artículo 14, párr. 1).

Es más, el Convenio 169 va más allá e indica, explícitamente, que se deberán asumir y desarrollar medidas de carácter educativo que tengan como propósito no sólo entregar formación a los propios integrantes de las comunidades y pueblos indígenas, sino y lo que es más potente, a los sectores de la comunidad nacional que estén en contacto y relación con los primeros, con el objeto de eliminar los prejuicios. “Deberán adoptarse medidas de carácter educativo en todos los sectores de la comunidad nacional, y especialmente en los que estén en contacto más directo con los pueblos interesados, con objeto de eliminar los prejuicios que pudieran tener con respecto a esos pueblos. A tal fin, deberán hacerse esfuerzos por asegurar que los libros de historia y demás material didáctico ofrezcan una descripción equitativa, exacta e instructiva de las sociedades y culturas de los pueblos interesados” (Convenio 169, Artículo 31). Ahora bien, teniendo en consideración lo que plantea el Convenio 169, nos emerge la siguiente interrogante ¿se ha desarrollado esto último en nuestro país?, ¿se ha esbozado algún proyecto educativo nacional que aborde esta temática? Esto último amparándonos en la idea que la educación intercultural no debería, por el bien de su propio desarrollo y la convivencia entre pueblos hermanos, focalizarse sólo en los pueblos indígenas, sino que esta debe ser contemplada y pensada para el conjunto de la población que habita nuestro país.

Por Guillermo López Hormazábal. Educador y Comunicador Social.

Bibliografía:

Convenio 169 – Convenio sobre Pueblos Indígenas y Tribales, 1989 (núm. 169). Disponible en: http://www.ilo.org/dyn/normlex/es/f?p=NORMLEXPUB:12100:0::NO::P12100_INSTRUMENT_ID:312314

Naciones Unidas. Convención sobre los Derechos del Niño. Disponible en: http://www.un.org/es/events/childrenday/pdf/derechos.pdf

Naciones Unidas. Comité sobre los Derechos de los Niños, Observación General Nº 11, los niños indígenas y sus derechos en virtud de la Convención. 2009. Disponible en: http://www.unicef.cl/web/informes/derechos_nino/11.pdf

Naciones Unidas, Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas. 2007. Disponible en: http://www.un.org/esa/socdev/unpfii/documents/DRIPS_es.pdf

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