Historia del movimiento mapuche en el siglo XX. Autodeterminación, Territorio y Estado Colonial*.

Fotografía obtenida del fanpage ECO Educación y Comunicaciones

Fotografía obtenida del fanpage ECO Educación y Comunicaciones

Mari mari pu peñi, pu lamngen, kom pu wenuy, compañeros, compañeras. Soy parte de un Colectivo, Organización y Centro de Estudios e Investigación llamado Comunidad de Historia Mapuche. Como Comunidad buscamos impulsar una reflexión política respecto a la situación de nuestro pueblo, así como lo desarrollaron otros hermanos antes, como el Centro Mapuche de Documentación Liwen, en los años ’90. Nosotros tomamos un poco la posta para seguir reflexionando en torno a la cuestión mapuche y la relación de nuestra sociedad con el Estado de Chile, e impulsar desde ahí ciertas reflexiones críticas, publicaciones, diversas opiniones. Esto, con la finalidad de disputar, en el espacio de la construcción del conocimiento, las reflexiones instaladas por lo que nosotros decimos la “academia colonial”, una academia profundamente extractivista, que lo que hace es ir a nuestros territorios, tanto urbanos como rurales, y despojarnos del conocimiento para desarrollar investigaciones desancladas de nuestro pueblo. Nosotros lo que intentamos es generar investigación crítica, pero mediante procesos vinculados con el horizonte político que tenemos como pueblo, que tiene que ver con la liberación nacional, con el proceso de autodeterminación, con la recuperación territorial. Desde ese lugar intento hablar.

Se me convoca para arrojar ciertos elementos en torno al movimiento mapuche en el contexto de los movimientos sociales en Chile y en América Latina. Voy a intentar responder aquellas tres preguntas/incitaciones que tienen que ver con la construcción de este movimiento, historizarlo; dar cuenta también del sujeto presente en este impulso, en esta emergencia mapuche; y finalmente, reflexionar en torno a la interpelación que desarrollan tanto a la construcción del Estado, pero también a la historia de la izquierda en Chile, poco acostumbrada a dialogar justamente con lo indígena, yo digo lo indio, en el sentido radical de la palabra indio. Entonces, a lo mejor en la presentación voy a decir indio, y lo estaré diciendo en ese sentido, radical, así como los hermanos bolivianos cuando dicen: ‘como indio nos conquistaron, como indio nos liberáremos’.

HISTORIA DEL MOVIMIENTO MAPUCHE EN EL SIGLO XX

Como primer elemento histórico, habría que señalar que el movimiento mapuche, si bien es cierto tiene una última emergencia desde el año 1997, en la medida en que ese año se desarrollan las primeras quemas de camiones y que despunta la aparición pública del movimiento mapuche, uno podría decir que desde hace 500 años estamos movilizados. Sin embargo, el último ciclo, a propósito del proceso de despojo colonial del Estado de Chile comienza, en términos de organización, en 1910 con la organización denominada Sociedad Caupolicán Defensora de la Araucanía.

Esa es nuestra primera organización, y fue una organización que buscaba colocar el tema sobre la mesa y evitar los procesos de división de la tierra. Ya había ocurrido el proceso de despojo y de radicación, es decir, el despojo del 95% del territorio mapuche y la radicación en territorialidades muy particulares, para luego desarrollar, desde el principio del siglo XX hasta 1930, un proceso de división de la tierra. Estas primeras organizaciones de principios de siglo XX lo que buscaron fue, justamente, evitar la división de la tierra y es lo que muchas organizaciones durante el siglo XX también buscaron evitar.

Se podría decir que hubo un primer período del movimiento mapuche que se desarrolló entre 1910 y 1960. Y fue un período donde nosotros logramos tener muchos diputados, incluso llegamos a tener un ministro, el de Tierras y Colonización, Venancio Coñuepán, y que fue ministro, nada más ni menos, que de Carlos Ibañez del Campo. Ahí él dialogaba con la Sociedad Nacional de Agricultura, es decir, es una cosa muy particular que ocurrió en nuestra historia y que muchas veces olvidamos. Hoy día se dice: ‘el tema mapuche se soluciona con diputados’. Y uno dice: ‘es que ya tuvimos diputados’. Entonces, ¿hasta qué punto se soluciona con diputados o sin diputados? Y justamente en este contexto, 1910-1960, se desarrolló este proceso político y que estaba caracterizado, un poco para caracterizar a este sujeto, por las antiguas dirigencias mapuche, que uno podría decir una suerte de “élite mapuche”.

Antes de continuar, hay que señalar que la historia política mapuche está aún en construcción, estando la reflexión historiográfica sobre la historia política mapuche en constante elaboración. No obstante, diría que en 1960 se genera un clivaje en la medida en que aparece un nuevo sujeto. Que es este sujeto que uno podría decir que antiguamente fue el mocetón, o sea, el sujeto que no era dirigente, no era hijo de machi, no era hijo de lonko, más bien era el pueblo pobre mapuche, porque hay que decirlo, la sociedad mapuche durante el siglo XVIII y siglo XIX generó profundas jerarquías internas. No necesariamente jerarquías de clase en la medida que no alcanzó a existir capitalismo en el Wallmapu. Pero sí se debe reconocer que hubo procesos de acumulación de riquezas, pero ese es un debate mucho más largo. Acumular no implica necesariamente capitalismo.

Es este el sujeto que irrumpe justamente en los ’60, particularmente en el proceso de Reforma Agraria. Y comienza a desarrollar procesos ya no por la vía institucional, como fue en este primer momento, 1910-1960, sino activar procesos de corrida de cercos sobre todo. Y que se desarrollaron desde fines de 1950 hasta 1973, con distintos ejes o vinculaciones al interior del mundo político chileno. Evidentemente con la izquierda, pero desde sectores del Partido Comunista hasta incluso el MIR. En este contexto, uno de los fenómenos más interesantes que ocurren, particularmente al interior de la Unidad Popular, tiene dos aristas. Por un lado, el Congreso Nacional Mapuche, que desarrolla la primera Ley Indígena, que se promulga el año ’71, que es una ley muy participativa. Y por otro, el Movimiento Campesino Revolucionario, particularmente en Cautín donde el MCR se vincula con el MIR. Es decir, uno podría señalar que durante los ’60, y particularmente al interior de la Unidad Popular, el mundo mapuche tuvo la capacidad de estar, no al mismo tiempo, no es que los que estaban en MCR estaban al mismo tiempo en el Congreso Nacional Mapuche, pero sí el pueblo mapuche tuvo contactos, digamos, con diferentes ámbitos de la política y de la izquierda durante la Unidad Popular.

Y diría que un tercer momento comienza en 1980 y se desarrolla hasta el día de hoy. ¿Cuál es la diferencia principal de este tercer momento? Si bien es cierto, durante los ’60 y los ’70 hubo una cierta radicalidad y un cierto viraje a la izquierda por parte de la hegemonía del movimiento, desde los ’80 hasta acá, con diferentes gradualidades, lo que se ha buscado es una desvinculación de cualquier forma de organización política chilena, mediante procesos de autonomía organizativa. En un primer momento de manera mucho más frágil, a propósito de que en los ’80 comienza a despuntar una organización que se llama Ad Mapu, y que tenía muchas vinculaciones con el Partido Comunista. Y posteriormente, en los ’90 con el Consejo de Todas las Tierras, que genera una desvinculación mayor de los partidos políticos chilenos. Y finalmente la Coordinadora Arauco Malleco, que es la desvinculación casi completa de cualquier forma de organización chilena al interior del movimiento, intentando un desarrollo autónomo. Cuando se habla de autonomía no se habla únicamente como proyección, es decir, que hay que alcanzar la autonomía, la autodeterminación, sino más bien como un quehacer permanente. Que es distinto a la lógica de la autonomía cuando se habla al interior del mundo popular o el mundo de los trabajadores. Cuando se dice ‘el sindicalismo autónomo’, es autonomía de las clases burguesas. Aquí la autonomía no implica solamente una autonomía del colonizador, sino también autonomía incluso de las organizaciones políticas chilenas.

ULTIMO CICLO DE MOVILIZACIONES: DE 1997 HASTA EL PRESENTE

Diría que estos son tres momentos del movimiento mapuche, y que en este último, del cual sabemos más, termina desarrollándose lo que podríamos denominar como este nuevo ciclo a propósito de la quema de camiones en el ’97. Ahora, ¿por qué llegamos a la quema de camiones? Creo que tiene que ver con las grandes desilusiones que se desarrollan a partir de este consenso neoliberal. Esto lo discute muy bien Fernando Pairicán en su libro Malon.

En el ’89, al igual como lo hizo la mayoría de la sociedad chilena, se vio en el proceso de democratización de la Concertación una apertura y es por eso que los mapuche, así también como el movimiento popular, vio una esperanza en que la alegría ya venía. Y eso explica, en gran parte, el Pacto de Nueva Imperial de 1989. Se juntan en Nueva Imperial y desarrollan una reunión, sobre todo desde la organización Ad Mapu con otras organizaciones indígenas, pero Ad Mapu era la que tenía la hegemonía del movimiento indígena y del movimiento mapuche, y desarrollan una reunión con Patricio Aylwin basada en tres solicitudes. Por un lado, reconocimiento constitucional; por otro, la ratificación del Convenio 169 de la OIT; y por último, una nueva Ley Indígena. Sobre el reconocimiento constitucional, hasta el día de hoy no pasa nada, o sea, se prometió en el ’89 y no ha ocurrido absolutamente nada. De la Ley Indígena, efectivamente se promulgó el año 1993, pero fue una Ley donde se cercenó los elementos fundamentales que el pueblo mapuche, particularmente Ad Mapu, estaba elaborando; entre ellos, dos cosas fundamentales: por un lado, que la Ley Indígena debiera decir “pueblo”, pueblo mapuche, y por otro, debería reconocer la existencia del territorio mapuche. Esto se planteó en los procesos de participación que se desarrollaron para la constitución de esta Ley, pero cuando pasó por el Congreso, no se dejó “pueblo indígena”, sino que se dejó como “personas indígenas”. Y esto es muy importante, porque cuando uno tipifica como pueblo la existencia de un pueblo, valga la redundancia, permite abrir la posibilidad de la autodeterminación política, particularmente teniendo en consideración la Declaración de Derechos Políticos y Civiles del año 1966, que señala: ‘todo pueblo tiene derecho a la libre determinación’. Al cercenar la palabra pueblo y dejar persona, no queda la posibilidad, justamente, de establecer por vía institucional el camino hacia la autodeterminación. Y, por otro lado, no se habló de territorio, que también implica un ejercicio de poder frente a un espacio concreto, sino más bien se dejó sólo la palabra tierra, lo que implica únicamente el tema del suelo.

Esa fue la primera desilusión, o sea, una Ley Indígena que no servía. El Convenio 169 si bien es cierto se ratificó el año 2008, se hizo casi 20 años después de la promesa de Patricio Aylwin. Y se ratifica a propósito del proceso de movilización mapuche del ’97 en adelante. Por lo tanto, ha habido una gran desilusión durante los ’90 y que explota también a propósito de la construcción de la central hidroeléctrica Ralco. Ralco constituye la expresión de una política de Estado profundamente neoliberal y que buscaba tener buenas relaciones con el capitalismo extractivista, particularmente con Endesa. Frei la aprueba teniendo una gran movilización en la zona Pehuenche y finalmente la instala. Eso constituye toda una desilusión al interior del mundo mapuche, que finalmente termina explotando en el ’97 y donde se agrega el capital forestal que ya ha comenzado un proceso de acumulación capitalista de manera desaforada. Y los peñi y lamngen ya estaban viendo cómo, desde las comunidades, comenzaban a sacar de manera ya muy grande el pino y el eucaliptus que había sido plantado 20 años antes, en el contexto de la dictadura. Y se debe recordar que la dictadura, en el año ’74, genera un decreto con fuerza de ley en donde estimula el sector forestal. Y esos pinos y eucaliptos plantados en 1975, 1976, ya están grandes en el ’95, ’96, ’97 y justamente están sacando muchos camiones de la zona y están dejando pura pobreza y sequía. Por lo tanto, hay todo un contexto de desilusión en los ’90 en todo el sector. Asimismo, hay todo un contexto de empobrecimiento derivado del despojo colonial pero que se suma justamente a esta lógica extractivista neoliberal en donde en las comunidades no queda si no pobreza.

AUTODETERMINACIÓN, TERRITORIO Y ESTADO COLONIAL

Por otro lado, se señala que la quema de camiones en el ’97 tiene otro efecto, que a mí me parece muy sugerente analizarlo, que tiene que ver con la configuración de un racismo que carcome la subjetividad mapuche a propósito del contexto colonial. ¿Por qué nosotros decimos contexto colonial? Es muy importante también señalarlo, nosotros decimos que el Estado no es solamente un Estado de clase, sino que es un Estado colonial. De alguna manera si la historia social desarrolló justamente, en los ’80, en los ’90, en los ‘2000, esta idea de estar frente a un Estado oligárquico, nosotros también decimos que estamos frente a un Estado de características coloniales. Eso daría para largo hablarlo, pero me voy a detener únicamente en el tema subjetivo. Todo Estado colonial, toda metrópoli colonial lo que hace, además del despojo y todo lo demás, es subjetivar al colonizador una suerte de inferiorización. Todo colonialismo está basado en un elemento racial, y el racismo, y aquí me detengo un minuto, no tiene que ver con decir o dejar de decir negro o indio a una persona, sino que el racismo de alguna manera es el proceso de deshumanización de ciertas vidas y ciertos cuerpos. Este proceso de deshumanización lo que busca es que aquellas vidas no importen y, por lo tanto, este otro colonizado se odie a sí mismo. Frantz Fanon tiene una reflexión muy rica respecto a ese tema cuando él plantea en “Pieles Negras, Máscaras Blancas”, cómo el colonizado se odia a sí mismo, tiene la autoestima por el suelo, quiere dejar de ser negro, se cambia el apellido. En el caso mapuche, intenta esconder lo indio, baja la cabeza, es tímido. Se dice que los mapuche son tímidos, que hablan poquito, hablan bajo. Eso es efecto del colonialismo. En términos de salud mental, considero que hay enfermedades que se derivan del colonialismo. Incluso hasta el día de hoy hay hermanas y hermanos que se están suicidando, no señalado todavía. Se están suicidando en la zona pehuenche, en la zona lafquenche, hay mucho suicidio juvenil. Y para mí eso es derivado justamente del sistema colonial que busca inferiorizar y de alguna manera minimizar la autoestima de la gente mapuche. Entonces en el ’97 lo que ocurre, se señala, es que los hermanos ya estaban escuchando las conversaciones entre carabineros y guardias de las forestales y se dijo algo así como ‘¿andan estos indios culiaos por aquí?’. ‘No. No hay ningún indio culiao’. Se hablaban entre policías y guardias. Y de alguna manera eso fue lo que explotó casi como una ira antirracista, anticolonial y que terminó finalmente quemando estos tres camiones. Es decir, hay un contexto mucho mayor que tiene que ver con los procesos de subjetivación al interior de un Estado colonial.

En cuanto a las demandas y la interpelación al Estado colonial, siento que, más allá de las diferencias al interior del movimiento mapuche, hay dos elementos que están profundamente constituidos. Por un lado, la autodeterminación política, tanto como quehacer y como de demanda, y, por otro, la idea de territorio. Estos dos elementos tienen que ver, en última instancia, con la construcción colonial y que, como toda construcción colonial, es una falta de democracia, donde como sociedad mapuche no tenemos herramientas e instrumentos para que nuestras diferencias internas tengan expresión política. Muchas veces se nos dice: ‘bueno, por qué los mapuche no se ponen de acuerdo’. La pregunta inversa sería inmediata: ‘¿el pueblo chileno acaso se puede poner de acuerdo?’. No, no se puede poner de acuerdo. Por lo tanto, al no ponerse de acuerdo, al no tener la posibilidad de llegar a consenso, lo que tienen son instrumentos para hacerlo. Un montón de instrumentos, desde la junta de vecinos hasta el parlamento. Sabemos que ahí hay hegemonías, dominación, control de poder, capitalismo, etc. Pero hay instrumentos. Como sociedad mapuche no tenemos esos instrumentos para que nuestras diferencias puedan tener una posibilidad de salida y que después esas diferencias se plasmen también en decisiones políticas concretas sobre un territorio concreto. Entonces, la lucha por la autodeterminación, a mi modo de ver, tiene diferentes gradualidades. Hay aquellos que señalan la necesidad del control territorial, que fue una categoría elaborada por la Coordinadora Arauco Malleco, pero que hoy día es adoptada por militantes, activistas mapuches, comuneros, que no necesariamente pertenecen a la CAM pero que desarrollan precisamente esa acción. ¿Qué es el control territorial? Es esta modalidad en donde se toma un territorio, se produce un control productivo y luego si viene la represión se le combate, o sea, se genera autodefensa, se defiende un espacio ocupado, ya no por vía institucional, sino por vía directa. Y que es la forma, seguramente, más visible que existe. No obstante, el proceso de autodeterminación política también se está construyendo por otras vías. El control territorial es la más visible e importante, y creo que, no me gusta mucho la palabra, pero si uno quisiera decir, es una suerte de vanguardia, en la medida que de que son los con mayor capacidad política. O sea, estamos discutiendo todo esto a propósito que son ellos los que han instalado realmente el tema.

Pero también otras vías. Los procesos de lucha por intermedio de los municipios, me parece que son una experiencia súper interesante que todavía no visualizamos con mucha profundidad. Hoy hay ocho municipios que están gobernados por mapuche y con una clara tendencia, muchos de ellos, particularmente el de Tirúa, el peñi Adolfo Millabur, es casi un nacionalista mapuche. Él ha tenido entrevistas donde dice que ir a sacar madera de las forestales no es robo, porque él dice que nadie puede robar en un territorio que le fue propio, o sea, él está hablando que casi es una recuperación. Y lo está diciendo una autoridad de la república. Es muy interesante lo que está ocurriendo ahí. Por otro lado, están los hermanos que han desarrollado esta idea del estatuto regional de autonomía, leyendo un poco el proceso que se desarrolló en España a propósito del desarrollo de Catalunya, del País Vasco, donde indican que ‘lo que nosotros necesitamos es un proceso de descentralización política que implica un estatuto regional de autonomía’. Por lo tanto, parlamento autónomo. Incluso hay algunos hermanos que hablan de un parlamento autónomo pluriétnico y plurinacional al interior del país mapuche. Otro tema es la ciudad, particularmente las ciudades del sur, pero también las ciudades de la región Metropolitana, y esto lo podríamos dejar para otra conversación.

Finalmente, todas estas expresiones para mí son expresiones de democratización autonómica, tanto el control territorial como los municipios, así como la posibilidad de la autonomía regional. Y que hablan un poco de esta debilidad del Estado de no cooptar de manera completa los movimientos sociales y, particularmente, el movimiento mapuche. Es decir, hay una desvinculación de las lógicas estatales al interior de los procesos comunitarios y colectivos mapuche. Se dice que en La Araucanía siempre gana la derecha. Entonces, uno se pregunta ¿será por el voto mapuche?, considerando que en La Araucanía no somos mayoría, hoy día estamos entre un 25% y 30%. Por lo tanto, nuestro voto mapuche no es determinante a la hora de sacar diputados y senadores en la zona. Siento que más bien esto tiene que ver con otras formas de organización colectiva que no pasan necesariamente por lo electoral. Los mapuche no es que estén votando mayoritariamente o puede ser que sí, pero al mismo tiempo que votan estamos desarrollando procesos colectivos que son paralelos a la construcción del Estado, incluso utilizando instrumento estatales como el municipio de manera distinta. Y siento que todo esto ha contribuido al proceso de debilitamiento de la legitimidad del Estado, ojo, no es que el Estado esté debilitado, la represión está con todo allá en el sur, pero sí su legitimidad. Y esto ha pasado también a propósito del proceso de judicialización del movimiento. Lo que ocurrió en noviembre de 2017 con los 11 hermanos y la machi que quedan absueltos en el caso Luchsinger-Mackay, lo que hace es deslegitimar también la estructura del Estado. Es decir, que el Estado no está operando de manera igualitaria, sino que hay una justicia de raza, una justicia colonial. Y es por eso que a algunos políticos les preocupa tanto que pase esto, porque se está deslegitimando a la justicia chilena, porque finalmente nos damos cuenta que es una justicia colonial y racista. Y una justicia, en tanto colonial y racista, deja de ser justicia. Por lo tanto, se deslegitima como estructura de poder del Estado. Siento que eso está cavando algo que todavía no logramos visualizar, porque podemos decir ‘ya, ahora pasó con estos 11’, pero ya ha pasado antes. Un mes antes Hugo Melinao había salido absuelto después de ocho meses preso. El Estado ha sido condenado por la Corte Interamericana por lo que le pasó al lonko Pichún y al lonko Norín. Es decir, hay un proceso de deslegitimación permanente del Estado, en la medida de que han judicializado el movimiento y no han visualizado que es un tema de profundo origen político y que, por lo tanto, la solución es profundamente política también. Yo siento que todo este contexto habla finalmente de un proceso de emergencia mapuche que ha logrado construir de manera muy lenta pero contundente otros procesos soberanos, de soberanía por fuera del Estado o utilizando el Estado en ocasiones. Y, por otro lado, un proceso de deslegitimación de los instrumentos estatales para resolver justamente este problema que es eminentemente político.

*Exposición de Claudio Alvarado Lincopi en el Ciclo Formativo Movimientos Sociales y Desafíos del Conosur. Octubre de 2017. Organizado por la ONG’s: ECO, Educación y Comunicaciones y Sedej.

Las opiniones y aseveraciones explicitadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor de la exposición y no representan necesariamente la línea editorial de la página web www.programapichikeche.cl

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