Escuela y educación intercultural*

Los sistemas educativos no son elementos neutros, sino más bien nacen y se desarrollan con una clara intencionalidad de contribuir a los procesos de homogenización cultural que la construcción del Estado-nación moderno requería. Si bien hoy en día se han superado ciertas ideas que se tenían del rol de los sistemas educativos, aún es posible apreciar que estos cumplen una función de reproducción ideológica y homogenización cultural. Es por ello que en la actualidad el debate sobre la función de la escuela y los sistemas educativos se centra entre la homogenización cultural y el resguardo de las particularidades. En este sentido Stavenhagen (2002, citado en Ilich Silva-Peña, Mario Moya, Isabel Delgado, 2011: 10), señala que “Aquí, el problema fundamental es que la concepción hegemónica y ampliamente extendida del Estado nacional monoétnico no corresponde a la heterogeneidad cultural de la gran mayoría de los países del mundo”. Lo anterior, influye directamente en las políticas públicas respecto a los sistemas educativos, puestos que dependen directamente de las concepciones que se tiene del mismo Estado.

Por otro lado, y tomándonos del concepto de “violencia simbólica” que plantean Bourdieu y Passeron (1972 citado en Ilich Silva-Peña, Mario Moya, Isabel Delgado, 2011: 10), podemos señalar que la escuela y la acción pedagógica constituyen una forma de imponer una cultura dominante, e intentar legitimarla por distintos medios. “…no existe una cultura legítima, sino que toda cultura es arbitraria, pero la escuela hace propia la cultura particular de las clases dominantes, enmascara su naturaleza social y la presenta como cultura objetiva, indiscutible, rechazando al mismo tiempo las culturas de los otros grupos sociales; la escuela legitima de tal manera la arbitrariedad cultural” (1972 citado en Ilich Silva-Peña, Mario Moya, Isabel Delgado, 2011: 10). En este sentido, es Bourdieu quien nos advierte de manera clara cuáles son los cimientos de los sistemas educativos. Por lo mismo, y tomándonos de sus ideas, es posible esclarecer cuáles han sido las consecuencias que ha traído la institución escolar para los pueblos indígenas y cómo esta ha cumplido un rol fundamental en la asimilación, en ocasiones forzada, de los indígenas. Es por ello que es discutible cuáles son los reales beneficios y cuáles las contribuciones ciertas de la educación intercultural al fortalecimiento de la identidad y cultura de los pueblos originarios, en especial cuando la escuela ha perpetuado estas diferencias y asimetrías.

No obstante, es posible reconocer avances en el desarrollo de la educación intercultural en los territorios dominados por el Estado chileno, especialmente en lo que respecta a la incorporación de la asignatura lengua indígena en los establecimientos educacionales que cuentan con una matrícula igual o superior al 20% de niños indígenas. Esto constituye un avance, ya que el reconocimiento de los pueblos indígenas y sus derechos pasa, entre otras cosas, por el reconocimiento de su lengua. En este sentido, es loable lo hecho por municipalidades como Galvarino que han oficializado el mapuzungun en sus territorios. Además, debemos recordar que en una cultura nos encontramos frente a un conjunto de formas y modos de pensar que están intrínsecamente vinculados con la lengua, porque el lenguaje no es sólo un instrumento de comunicación, sino y sobretodo, la expresión de una manera de concebir el mundo. Y, por tanto, todo lenguaje lleva en sí un “esquema de pensamiento” (María Heise, Fidel Turbino y Wilfredo Ardito, 1994).

Sin embargo, para algunos intelectuales del mundo mapuche, la incorporación de la lengua indígena como una asignatura en la malla curricular de la educación chilena no es suficiente. “La educación chilena ha adoptado el modelo de EIB (Educación Intercultural Bilingüe) (LGE, 2007), pero con restricciones políticas, conceptuales y prácticas. En ocasiones lo intercultural y lo bilingüe parecieran ser otra forma de reproducción del modelo asimilacionista colonial que siempre ha existido, nada más que con otro nombre” (Loncon, 2014: 111). Desde nuestra perspectiva, lo que plantea Loncon respecto a la interculturalidad es uno de los puntos centrales de la discusión en torno a los derechos educativos de los pueblos indígenas. En este sentido, debemos recordar que la interculturalidad como concepto, como constructo teórico, se encuentra en una constante disputa de sentido y finalidad. Es decir, la interculturalidad puede evidenciar procesos de resistencia y criticidad al sistema actual en el cual convivimos y es ahí, precisamente, donde, desde nuestro punto de vista, radica su potencialidad como una herramienta transformadora de la realidad. No obstante, esta también puede ser presa de una funcionalidad asimilacionista, creando estereotipos y folclorización de costumbres y, en definitiva, de la cultura de los pueblos indígenas. Además, si la educación intercultural no es contextualizada, no incorpora saberes propios de las culturas indígenas y, en definitiva, carece de la apropiación y legitimidad que le puedan otorgar los mismos pueblos, esta no tendrá mayor sentido para los mismos niños, niñas y adolescentes y para las comunidades de las cuales son parte.

Por otro lado, creemos importante que en el desarrollo de la educación intercultural es fundamental el involucramiento de las familias y las comunidades, así como el soporte en los saberes y conocimientos de los pueblos indígenas. Sin estos elementos, y desde nuestra perspectiva, difícilmente se desarrollará una educación intercultural que permita fortalecer una relación intercultural más simétrica en la sociedad chilena. Asimismo, creemos que no basta con que esto se desarrolle en la educación básica o media, sino que debe comenzar a plasmarse en un proceso de formación temprano, donde el desarrollo de la lengua, de los significados de los rituales y de la vida en la comunidad, en estrecha relación con la naturaleza, sean la clave para el fortalecimiento cultural e identitario. En este sentido, el rol que pueden jugar tanto las comunidades como las familias en el desarrollo de ciertos aprendizajes, en especial de la lengua, es un factor determinante al momento de construir una identidad indígena fortalecida. Por lo mismo, es importante el papel que puede jugar la educación intercultural en la enseñanza prebásica. Por tanto, es imprescindible que para que exista un desarrollo de la educación intercultural que permita contribuir al fortalecimiento de los pueblos indígenas, así como a los procesos de descolonialización y de relaciones interculturales más armoniosas, se torna clave que la educación intercultural comience a desarrollarse desde la etapa preescolar y en estrecha relación con las familias y comunidades. O, bien, y como se anunció anteriormente, que las propias comunidades sean capaces de hacerse cargo de los procesos educativos tempranos, en estrecha colaboración con profesionales idóneos. Asimismo, se torna clave en este proceso el reconocimiento constitucional de los pueblos indígenas.

Por último, la cultura, como proceso vivo, no es estática. Tampoco se trata que esta se detenga en el tiempo y se vuelva hermética en sí misma. Por el contrario, es necesario concebirla con un proceso dinámico, dialógico, donde se van incorporando y resignificando elementos propios de la cultura actual, caracterizada, entre otras cosas, por procesos culturales globales. Es por ello que el fortalecimiento de su identidad, cultura y de su sentido de pertenencia es fundamental para hacer frente a aquellos procesos de aculturación, que también puedan propiciar, en la relación con el otro, procesos de descolonización cultural en nuestra sociedad.

*Guillermo López Hormazábal. Educador y comunicador social.

Bibliografía:

– Silva-Peña Ilich, Mario Moya, Isabel Delgado (2011), Estudio sobre niños y niñas adolescentes mapuche residentes en internados de la Región de La Araucanía. Disponible en:
http://www.onu.cl/onu/pdfs_inter/infancia_indigena/01.pdf

– Heise María, Tubino Fidel y Ardito Wilfredo (1994), Interculturalidad. Un desafío. En En: Heise, M., Turbino, F., y Ardito, W. Interculturalidad, un desafío, CAAP, Lima, 1994, 2da edición, pp. 7-22.

– Loncon, Elisa (2104), Educación y Cultura: ¿podremos llegar a ser una sociedad intercultural? En: ¿Chile Indígena? Desafíos y oportunidades para un nuevo trato. Ediciones El Desconcierto. Santiago, 2014.

Foto obtenida del sitio web aulaintercultural1.wordpress.com

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