¿Cómo creer en esta democracia? ¿Cómo creer en este Estado de derecho? ¿Cómo creer en esta justicia? A propósito del asesinato de Camilo Catrillanca

Foto obtenida desde Facebook

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Nuevamente es asesinado un peñi. Nuevamente se tiñen de dolor y sangre los territorios ancestrales del pueblo mapuche. Nuevamente la policía, al servicio del poder del empresariado y los poderes fácticos, asesinan a un comunero. Es imposible no sentir pena y rabia. Es imposible no conmoverse ante este repudiable acontecimiento. Quienes tildan de delincuentes y terroristas a los peñi y lamgnen asesinados por los agentes policiales del Estado chileno, son los mismos que defienden la vida de un embrión y luego abandonan a su suerte a las niñas y niños recluidos en el Sename.

Estamos mal como sociedad. No se logra entender que este violento hecho, que es parte de una estrategia sistemática de amedrentamiento al pueblo mapuche, no concite el rechazo y repudio de todas y todos los que habitamos estos territorios dominados por el Estado chileno. De verdad, no se entiende.

Lamentablemente, este no constituye un hecho aislado. Es más bien el doloroso resultado de una política de persecución y criminalización al pueblo mapuche que ha desarrollado el Estado chileno durante su historia, y que ha significado para distintos lof la muerte de decenas de comuneras y comuneros. De lo contrario, no se puede comprender la razón de tanta inversión en infraestructura y tecnología de guerra para hacer frente a este conflicto que sostienen el Estado chileno con el pueblo mapuche. Porque hay que decir las cosas como son, no es el conflicto mapuche, no es el conflicto entre el pueblo mapuche y el Estado chileno. Es, dejando de lado los eufemismos que reinan en este país, un conflicto que sostiene el Estado chileno contra el pueblo mapuche. Ahí están las camionetas blindadas, el “anfibio” y los miles de millones de pesos que ha desembolsado el Estado para “entrenar” a una policía especializada para hacer frente al supuesto terrorismo que existe en el sur de Chile.

Con el asesinato de Camilo Catrillanca, quien era nieto del lonko de la comunidad Ignacio Queipul Millanao del lof Temucuicui, Juan Catrillanca, no sólo se extermina la vida de un peñi que durante su existencia terrenal intentó poner freno a la violencia que sufre su pueblo, sino también se daña irreparablemente numerosas vidas. En primer lugar, las de sus familiares más cercanos. La de su pequeña hija de 6 años, quien deberá crecer y desarrollarse sin contar con la presencia y apoyo de su padre. La de su pareja embarazada, quien deberá hacer frente a este doloroso proceso teniendo una vida dentro de su vientre. La de su padre, madre y hermanos, quienes deberán no sólo hacer frente al dolor de la pérdida de un ser amado, sino también al doloroso proceso de intentar conseguir justicia. Y también la de cada peñi y lamgnen que es parte de su comunidad y su pueblo. Pero como señala un lema hecho carne por el pueblo mapuche: si uno cae, diez, cien, miles se levantarán.

Como se señalaba, Camilo Catrillanca, joven de 24 años asesinado por el Comando Jungla, era un destacado weichafe, quien a través de distintitas acciones encarnó una vida de lucha frente a los abusos, atropellos y violencia sistémica que ha experimentado el pueblo mapuche a lo largo de los años. En efecto, Camilo fue uno de los jóvenes que lideró, en el año 2011, la toma de la municipalidad de Ercilla, llevada a cabo por cerca de 30 estudiantes mapuche. Dicha toma tenía como objetivo visibilizar la violencia experimentada por niñas, niños y jóvenes mapuche pertenecientes a comunidades en proceso de reivindicación territorial en manos de las policías militarizadas del Estado chileno, así como denunciar la militarización de las comunidades mapuche. La toma se prolongó por 13 días y Catrillanca, quien era el vocero de las y los estudiantes declaró en dicha oportunidad: “accedimos directamente a dos puntos, el colegio intercultural y la escolarización para todos”. Con respecto al tercer punto –el incremento de la presencia policial en la zona–, el entonces adolescente señaló que “nos gustaría tener una reunión con los jueces, ellos son los que dan las órdenes (que autorizan los operativos)”.*

A finales del año 2011, la fundación Anide, en conjunto con la Alianza Territorial Mapuche, organizaron un Seminario sobre Violencia Institucional hacia la Niñez Mapuche, donde participó activamente Camilo Catrillanca como vocero de las niñas, niños y jóvenes de su comunidad, y de las y los jóvenes que habían hecho ocupación de las dependencias de la municipalidad de Ercilla. En dichas jornadas, desarrolladas en Temuco y Santiago, niños, niñas y jóvenes mapuche expusieron el trato que reciben de la policía que controlan sus comunidades, su paso arbitrario por tribunales de justicia y centros de detención, y sus vivencias de discriminación en la relación con la sociedad chilena. Cabe destacar la entereza que mostraron todos los y las jóvenes ponentes, cuyas edades oscilan entre los 15 y 22 años, además de su lucidez al centrar el problema en la reivindicación legítima de su territorio y sostener unánimemente que, a pesar de la violencia que las instituciones del Estado han ejercido en su contra, ellos y ellas continuarán reivindicando su territorio y su cultura. **

El dolor y rabia que inunda el corazón de quienes solidarizan con el pueblo mapuche, no debe constituirse en un sentimiento que desvíe la atención de lo que aún está pasando en los territorios del sur de Chile. Hay que señalar que en el marco de este cobarde asesinato, los agentes policiales del Comando Jungla detuvieron a varios adolescentes, entre ellos a M.P.C. de 15 años, quien estaba en compañía de Camilo Catrillanca cuando este fue asesinado y a quien el día jueves 15 de noviembre se le realizó la audiencia de detención. Además de la detención del joven M.P.C., también fueron detenidos otros menores que quedaron en libertad el día jueves. Hay que consignar que el testimonio de M.P.C. es clave al momento de dilucidar lo que realmente sucedió el día de ayer en el lof Temucuicui.

No obstante lo anterior, la Fiscalía pretendería formalizarlo por receptación de vehículo, lo que da cuenta, una vez más, de la criminalización que experimenta la niñez y adolescencia mapuche. Esto último es un dato clave a tener en consideración al momento de comprender lo que sucede en el Wallmapu, pues la estrategia de criminalización que ha estado utilizando el Estado para encarcelar a los peñi que son agentes activos del proceso de recuperación territorial dice relación con asociarlos a delitos contra la propiedad privada. En este último caso, asociado al supuesto robo y receptación de vehículos sustraídos desde una escuela de Temucuicui. Esto último también es posible corroborarlo en el encarcelamiento que experimenta el lonko Alberto Curamil y el werken Alberto Millalén, a quienes se les imputa ser parte de una banda delictual que asaltó una caja de compensación en la comuna de Galvarino.


Notas al pie de página:

*http://www.eldesconcierto.cl/2018/11/14/comunero-mapuche-asesinado-lidero-toma-que-exigia-fin-de-la-violencia-policial-a-sus-comunidades-en-2011/

**https://libertadninos.wordpress.com/2011/12/02/debate-sobre-la-violencia-institucional-hacia-los-ninos-y-ninas-mapuche/

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