Boletín Pichikeche n°37. Editorial. El cierre de un ciclo

Equipo Comunicaciones Anide.

Con el término del año 2018 no sólo se deja atrás uno de los años donde más atropellos a los derechos humanos de los pueblos originarios se perpetraron, tanto en toda el Abya Yala como en los territorios dominados por el Estado chileno (baste recordar el cruel y cobarde asesinato del peñi Camilo Catrillanca en manos del Comando Jungla ocurrido hace menos de dos meses). La finalización del año 2018 también marca el término definitivo del programa Pichikeche, en este caso en su variante informativa y de visibilización de la situación que viven tanto los pueblos originarios, en general, como la niñez y adolescencia mapuche, en particular.

En este sentido, no queda más que agradecer a la agencia de cooperación internacional KNH por el apoyo irrestricto a este programa. Agradecer también el que hayan creído en el modo en que se trabajó y se relacionó con las comunidades que fueron parte de las acciones ejecutadas dentro del marco del programa Pichikeche. Y esto último se torna de gran valor, pues es de conocimiento público que el trabajo que desarrollan tanto algunas ONGs como Fundaciones en los territorios y con las poblaciones vulneradas en las distintas dimensiones de su existencia, en más de una ocasión no ha sido vista con buenos ojos por los propios “beneficiarias/os” de estas “intervenciones”. Y esto último no es antojadizo decirlo. Son las mimas comunidades y las y los sujetos que las habitan y dan vida, los que han denunciado que esas buenas intenciones no siempre se condicen con la manera de ver sus propias realidades y de actuar en ellas. Esto mucho más decidor cuando quien es el supuesto “beneficiario” son miembros de pueblos originarios que, sobre la base de sus propias cosmovisiones, poseen diferencias significativas respecto a cómo afrontar las problemáticas que están padeciendo. En esta perspectiva, es importante señalar la relación que el programa Pichikeche estableció con las comunidades, donde uno de los mandatos a destacar reside en la relación horizontal que se estableció con las y los dirigentes. Esto último redundó en que gran parte de las decisiones relativas a los procesos de reparación y restitución de los derechos de niñas, niños y adolescentes vulnerados principalmente por Estado chileno, fueran propuestas por las mismas comunidades y sus dirigentes.

Uno de los ejes en que se basó el trabajo desarrollado por el programa en conjunto con las comunidades, y que pretendió llevar a cabo un proceso de reparación y restitución de los derechos vulnerados a niñas, niños y adolescentes mapuche, dice relación con un trabajo comunitario que tuvo como impronta la pertinencia cultural. En este sentido, uno de los grandes logros de este programa y del apoyo de las comunidades, se constituye en el desarrollo y ejecución de talleres de fortalecimiento cultural e identitario, donde las y los protagonistas de este proceso fueron precisamente las y los miembros de las comunidades. Lo anterior se tradujo, por ejemplo, en que quienes lideraron y fueron las y los educadores que llevaron a cabo este proceso fueran las comuneras y comuneros, específicamente en su rol de educadoras/es comunitarios. Asimismo, y como un modo de fortalecer este trabajo, se desarrollaron distintas instancias y actividades que tuvieron como objetivo fortalecer este mismo proceso de fortalecimiento cultural e identitario. En este sentido, se llevaron a cabo jornadas de capacitación en distintos aspectos, siendo uno de ellos el que dice relación con el rescate del mapuzungun.

No obstante la importancia de los procesos señalados anteriormente, el programa también intentó hacer frente, a través de denuncias tanto a nivel nacional como internacional, de la situación de violencia que aún padecen las comunidades mapuche y, específicamente, las niñas, niños y adolescentes que son miembros activos de cada una de ellas. En este sentido, y con la presencia y protagonismo activo de las y los dirigentes, se llevaron a cabo distintas acciones que intentaron visibilizar y denunciar la vulneración de derechos esenciales de niñas, niños y adolescentes mapuche, así como de sus propias comunidades, principalmente en los allanamientos realizados por agentes policiales del Estado chileno, así como en las múltiples violencias que padecen (violencia simbólica, económica, policial, entre otras). En esta línea, representantes del programa y dirigentes de las comunidades asistieron en dos ocasiones a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) a denunciar y hacer visibles, a través de la presentación de informes y en instancias de Audiencias Temáticas, la situación de violencia sistémica que experimentan las niñas, niños y adolescentes mapuche en su diario vivir. En la última de ellas, se contó con el apoyo y protagonismo activo de la ONG de defensa de los Derechos Humanos en Latinoamérica, CEJIL, quien a través de sus representantes acompañaron y asesoraron este proceso.

Una vez concluidas las acciones y actividades que se llevaban a cabo en las comunidades y donde las niñas, niños, adolescentes y comuneras/os fueron las y los protagonistas, el programa decidió seguir contribuyendo a que la situación de violencia que experimentan sus comunidades no quedaran invisibilizadas. De este modo, se creó una plataforma virtual donde periódicamente se subían noticias respecto al acontecer de los pueblos originarios, en general, y del pueblo mapuche, en particular. Además, y cada tres meses, se publicaba un boletín de noticias y temáticas que intentó abordar y desarrollar algunos de los aspectos más importantes relacionados con los pueblos originarios y la niñez y adolescencia mapuche. Asimismo, se creó una página de Facebook, donde diariamente se subían noticias referentes a las temáticas antes mencionadas.

Hoy, luego de más de seis años de un humilde trabajo, y con la idea de contribuir de manera respetuosa y pertinente a los procesos llevados a cabo por las distintas comunidades que conforman el pueblo mapuche, el programa concluye definitivamente sus acciones. Son muchos los aprendizajes que se desprenden de esta experiencia, principalmente para quienes fuimos parte del equipo que contribuyó al desarrollo de las distintas acciones que llevó a cabo el programa. Son tantos, que es difícil enumerarlos. No obstante, uno de los principales aprendizajes dice relación con tomar conciencia de que existen modos distintos y distantes de comprender la realidad; modos distintos que nos invitan a repensar la forma en que nos relacionamos con la naturaleza, la manera en que nos relacionamos con las niñas y niños; el modo en que nos relacionamos entre seres humanos. En esta perspectiva, se rescata y se pone en valor la cosmovisión del pueblo mapuche; su tenaz lucha por poner freno a las distintas violencias que experimentan a diario, que ha traído consigo dolor y muerte a sus comunidades.

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