Boletín Pichikeche N° 33. Reseña Atlas Mapuche: Mapu Chillkantukun Zugu: Descolonizando el Mapa del Wallmapu, Construyendo Cartografía Cultural en Territorio Mapuche. Miguel Melin, Pablo Mansilla, Manuela Royo

portada atlas mapuche

“Este Atlas MapuChe nos ofrece la oportunidad de ampliar el horizonte limitado que la colonialidad busca mantener al impedir sentir otras experiencias creadas por los múltiples pueblos del mundo, que también crearon modos propios de saber-comer, saber-curar, saber-habitar, saber-convivir. No se come si no se sabe recoger, cazar, criar, plantar; no se sobrevive si no se sabe curar con una medicina propia; no se habita si no se sabe proteger de las intemperies con una arquitectura propia; no se vive a no ser que sea en comunidad y si no se sabe crear reglas propias (auto+nomos = autonomía). En fin, en el comer, el curar, el habitar y el convivir hay siempre un saber. Hay, siempre un saber en el hacer para estar con el mundo. En ese sentido, esta Atlas es parte de un proceso de descolonizar el saber y el poder con/contra un saber/poder colonial que cometió epistemicidios por todos lados, y que también aportó al ecocidio al empobrecernos de otras formas de estar con el mundo saboreándolo, pues en su raíz, saber y sabor tiene el mismo origen”. (Prólogo de Carlos Walter Porto-Gonçalves, pág. 6)

Los procesos de Pacificación de La Araucanía y la Campaña del Desierto, llevados a cabo por los Estados de Chile y Argentina, respectivamente, provocaron una profunda re-estructuración de los territorios mapuche en ambos lados de la cordillera. La anexión de los territorios mapuche a los Estados Chileno y Argentino, también marca la inclusión de estas áreas geográficas a la economía capitalista global, a través del proceso de acumulación por desposesión que se despliega hasta el día de hoy a ambos lados de la cordillera de los andes. Esta re-estructuración, como plantea el Atlas, provocó un profundo proceso de des-territorialización que afectó –y sigue afectando- las relaciones que el pueblo mapuche establece con su espacio geográfico. Mirado este proceso desde el conocimiento propio (mapuche kimün), como señalan los autores, se constata que esta transgresión a la relación de la sociedad mapuche con su territorio implica una amenaza directa a la existencia del “ser” mapuche, pues el territorio no es un simple escenario o soporte material de la existencia, sino su fundamento mismo.

Este modo de concebir/observar/pensar el territorio, permite comprender por qué el pensamiento y conocimiento del pueblo mapuche constituye una invitación a reflexionar sobre la crisis de los estados nación y, más profundamente, sobre la crisis que experimentan respecto a la constitución de su saber en torno a la realidad misma. Desde la perspectiva del mapuche kimün, los límites y fronteras políticas-administrativas rígidas que han instaurado los estados-nación dan cuenta de una concepción utilitaria del territorio, fragmentándolo, calculándolo. Por el contrario, el conocimiento y sabiduría mapuche concibe la territorialidad como una categoría integradora, donde lo sentipensante se antepone a la racionalidad occidental, dando cuenta de la estrecha relación social, cultural y política del pueblo mapuche con su territorio y geografía.

Por tanto, es una contribución/invitación a tomar conciencia respecto al colonialismo interno que ha cimentado la estructura de poder de las élites políticas y económicas de ambos Estados. Este colonialismo interno ha tenido como una de sus consecuencias más profundas, la imposición de un sistema de clasificación social sustentado sobre la idea de raza, negando de este modo la existencia plena de los pueblos originarios, así como de sus territorios. El despliegue de este ejercicio de poder colonial, como plantea el Atlas Mapuche, ha traído consigo consecuencias materiales y simbólicas para los pueblos originarios del Abya Yala. Estas consecuencias tienen expresión en lo que los autores denominan colonialidad del “Ser”, colonialidad del “Saber” y colonialidad del “Estar”. Estos tipos de colonialidad, que se relacionan estrechamente con las experiencias vividas, con las formas de generar conocimiento y sobre la relación con el territorio, se han mantenido hasta el día de hoy y dan cuenta de una estructura de poder colonial de larga duración.

Sobre la base de esta perspectiva y sus expresiones en el existir del pueblo mapuche, el Atlas aquí reseñado intenta profundizar en la comprensión de la dimensión territorial más allá de las significaciones construidas desde el pensar occidental que tiene su expresión en el discurso emanado desde el estado-nación, así como en sus instituciones de poder. Por el contrario, es una invitación a comprender otros modos de concebir la territorialidad, que contestan y se enfrentan desde su propio pensar a las estructuras del poder colonial. En el fondo, esta manera de concebir la realidad y la relación con la naturaleza, da cuenta de un conflicto epistemológico con el modo racional y utilitarista del saber/poder occidental.

Esta perspectiva, construida a partir del relato oral de los miembros de las comunidades Quilape López, Venancio Huenchupan, Liempi Colipi y Pancho Curamil, y especialmente desde los saberes y sabiduría de las personas mayores, intenta rescatar y resignificar el concepto de territorio sobre la base del conocimiento propio. El Atlas, en este sentido, también constituye la sistematización de las experiencias de luchas territoriales que las comunidades han desarrollado frente la arremetida del extractivismo, así como de las experiencias de los procesos de recuperación territorial y productiva que han llevado a cabo las comunidades mapuche.

Este Atlas, construido a partir de estos procesos experienciales y desde la memoria y oralidad que caracteriza al pueblo mapuche, también constituye un aporte sumamente significativo a los procesos de descolonización que se despliegan en el Abya Yala, en especial desde una perspectiva epistemológica. Este concomimiento territorial construido sobre la base del diálogo entre la práctica y la reflexión del propio pueblo mapuche, da cuenta del respeto y cuidado del ecosistema, así como de los derechos territoriales que se consagran en distintos instrumentos jurídicos internacionales. No obstante, también representa un genuino intento de recuperar el sentido y significado que la cultura mapuche le otorga al territorio.

Como indica Carlos Walter Porto-Gonçalves en su prólogo, este Atla Mapuche se inserta justamente en un contexto donde el patrón de poder/saber moderno-colonial es puesto en cuestionamiento, tensionándolo y empujándolo a su crisis. Sin embargo, estos síntomas estarían dando cuenta de algo más profundo, no sólo de una crisis del sistema mundial capitalista, sino más bien de la emergencia de una demanda constante de que el mundo debe ser comprendido como una “heterogeneidad histórico-estructural” y no como una totalidad eeuurocentrada.

Constituye, por tanto, una contribución a la constante creación y recreación de nuevos saberes que se transformen en los cimientos de nuevos mundos, más allá del capitalismo y la colonialidad. Y que alberga la reconstrucción de una territorialidad más allá de los estados-nación, que hoy en día se encuentran en crisis de legitimidad. Un saber situado, donde el sentipensamiento decolonial contribuye a pluriversalizar el modo en que se concibe el mundo y la relación del hombre con la naturaleza, dando a conocer que el modo de comprender la realidad es plural y no un pensamiento único.

Para ver artículo sobre el lanzamiento del Atlas, pincha aquí

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