Boletín Pichikeche N° 33: Oscar Olivera*, Cómo el agua puede cambiar la vida de la gente en cuanto a su visión y a su propia práctica cotidiana**

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Muy buenas noches a todas y a todos, mi nombre es Oscar Olivera, vengo de Cochabamba, Bolivia. Fui trabajador metalúrgico durante 40 años. Dirigente sindical y vocero de importantes movimientos sociales en Bolivia a partir del año 2000. Actualmente soy jubilado y trabajo en construcción de sistemas de captación de agua de lluvia y huertos familiares y escolares en las zonas periurbanas y en el campo, en el departamento de Cochabamba. Y me dirán ustedes ‘¿qué hace un metalúrgico aquí hablando del tema del agua?’ Y es que el agua a mí me cambió la vida totalmente, hace aproximadamente 18 años atrás, en 1999, cuando el gobierno boliviano privatizó a través de una ley y un contrato de concesión por 40 años de la empresa pública de Cochabamba, la privatización del agua. Es por eso que vengo a testimoniar de cómo el agua puede cambiar la vida de la gente en cuanto a su visión y a su propia práctica cotidiana; y la fijación de nuevos horizontes personales, individuales y colectivos, como se ha dado en mi caso. Yo creo que esta mesa un poco quiere resumir que los testimonios que puedan decir acá, son testimonios que definitivamente no son aislados. No importa la distancia en la que se encuentren estos procesos de resistencia y de construcción, sino más bien contenidos comunes que tienen.

He conocido en estos días la historia de Modatima (Movimiento de Defensa por el acceso al Agua, la Tierra y la protección del Medio ambiente); a la gente de los Comités de Agua Potable Rural en la zona de San José, Petorca. He vivido durante tres días con una mujer valiente, que al igual que en otras partes del mundo, da cuenta de cómo gestionan de manera comunitaria el agua. Yo he tenido el privilegio de visitar a algunos pueblos, he estado en algunas universidades, y muchas y muchos estudiosos sostienen que en Cochabamba, y es una historia un tanto conocida en algunos círculos, se gestó una rebelión popular muy grande contra la privatización del agua. Gente del campo y la ciudad se movilizó durante cinco meses y finalmente, después de largas luchas, varias muertes, varios heridos, múltiples represiones, llantos, angustias, miedos, pero también alegrías, historias y sueños compartidos y conseguidos, se logró desprivatizar el agua que va más allá del derecho humano. En esos círculos de afuera, reitero, piensan que la guerra del agua en Cochabamba simplemente fue una disputa por la gestión del agua, arrancar de las manos de la empresa privada la gestión del agua para volverla a re-estatizar o renacionalizar. Y, en el fondo, no fue eso.

Yo aprendí, como trabajador, como obrero, como habitante de una ciudad, que en realidad nosotros en las grandes urbes simplemente vivimos del agua, pero hemos dejado de convivir con el agua, que es algo que entendí en pleno conflicto. Pasar de vivir del agua a pasar a convivir con el agua. Y la gente que viene del campo, de las comunidades indígenas, vienen y nos comparten esa sabiduría ancestral, en el sentido de que el agua no es ni siquiera un recurso natural. El agua es ante todo un ser vivo. Un ser vivo con el cual se dialoga de manera permanente. Y como ser vivo, también tiene las características normales que cada ser vivo tiene. Aquí no todas las personas somos iguales, unos somos pacientes y otros impacientes, otros tranquilos, otros muy activos. Y ahí aprendí que el agua de la lluvia no es la misma que la de un pozo, o la de un río, o el agua de la lluvia; que como ser vivo, el agua tiene diferentes características temperamentales, inclusive.

Toda esa movilización parte, fundamentalmente, porque se está queriendo privatizar algo que reproduce la vida y ese algo es un ser vivo que es el agua. Y también se parte de un simple y elemental principio que dice que el agua es un regalo generoso de la Pacha Mama para todos los seres vivos. Y desde la perspectiva de la cosmovisión indígena, todo es vivo. Por eso yo estoy reaprendiendo como citadino que todo tiene vida; las piedras, las montañas son nuestros hermanos que nos cuidan; los ríos, las plantas, los animales y, obviamente, la Pacha Mama, nuestra madre tierra. Y muy bien dice la gente que, como es un regalo para todos y todas y como a nadie se le ha dado en particular el agua, nadie puede ser propietario del agua. En el fondo, el agua es de todos y es de nadie. Entonces bajo esos dos principios se inicia la movilización. Jamás se habló de reestatizar la empresa pública. No se habló del agua como un derecho humano, simplemente se habló que lo que se pretendía era convertir un ser vivo, convertir un regalo de la Pacha Mama, en una mercancía que vaya a engordar las cuentas bancarias de una empresa privada, en absoluta complicidad con los gobernantes de turno.

La presencia del hermano mapuche, la de Rodrigo y también la mía, tienen como propósito poner sobre la mesa el tema del agua y generar entre nosotros un proceso de reflexión sobre esta visión y esta actitud con el agua que nos ha impuesto el modelo mercantilista. Un modelo individualista, un modelo donde simplemente se toma el agua como un servicio más y obviamente no es así. Alguien decía en estos días, y lo dijimos también en Cochabamba, mientras no deje de salir el agua de la canilla, de la pileta, de la pila de nuestros domicilios en las ciudades, no nos vamos a preocupar en absoluto del agua. Pero la situación es muy diferente en los lugares en donde corre el agua. Y había una gente que comparaba y decía el agua es como la sangre del cuerpo humano. En realidad, el agua es la sangre de la madre tierra. Y de manera sabia, así como nuestro cuerpo, la naturaleza ha dotado de ese líquido que fluye por nuestros cuerpos y riega nuestros órganos y nuestros músculos; el agua es lo mismo para la tierra, para la Pacha Mama, para la naturaleza. Sabe por dónde va a correr. Y yo quisiera imaginar que algún empresario pueda colocar una represa en alguna arteria de su cuerpo para acumular su sangre en cierto lugar y deje de regar otras partes del cuerpo. Eso no se puede hacer.

Entonces, eso he aprendido como citadino y eso me cambió totalmente la vida; cómo a partir de esos conceptos tan simples, vivenciales de la gente, particularmente de las comunidades indígenas que nos contagiaron, logramos establecer una alianza y una articulación absolutamente fraternal, de vernos como hermanos entre todos y enfrentar al enemigo en común que es el poder del dinero, que es de aquellos mercaderes de la muerte, que quieren sembrar la muerte en nuestros territorios. Y este fue un proceso al igual como el agua, se formó una coalición muy horizontal y muy alegre, y siempre en movimiento, como el agua. El agua significa alegría, el agua significa transparencia y el agua significa movilización. Y esta coalición que se formó entre citadinos y campesinos, entre trabajadores y desocupados, entre obreros y vendedores de la calle, entre las trabajadoras sexuales y las señoras de la burguesía cochabambina, entre dueños de hoteles y trabajadores sin vivienda, fue una experiencia muy importante en la vida política, económica, cultural y organizativa en Bolivia. Y la guerra del agua, esta victoria popular, esta rebelión popular, que durante cinco meses enfrentó al ejército, enfrentó a la policía, enfrentó al poder político, enfrentó a los organismos de represión del Estado, como el ejército y la policía, y los derrotó en la pelea, estableció durante ocho días en abril de 2000 un gobierno regional-popular, que en cabildos y asambleas definía el rumbo de la lucha. Fue una experiencia que la hemos recogido y seguramente hoy, entre los jóvenes y los viejos de aquel tiempo y entre los niños de aquel tiempo, porque todos participamos en la lucha del año 2000, es algo que está contenido y que en cualquier momento puede otra vez aflorar. Es poder recuperar esa capacidad que tuvimos no solamente de desprivatizar el agua, sino esa capacidad de desprivatizar el poder de decisión y desprivatizar la palabra que se convirtió en monopolio de los poderosos, que controlan la política y la economía no sólo de nuestros países, sino del mundo entero. Creo que es importante que nos contemos de manera recíproca estas historias, estos esfuerzos colectivos que no vienen de ningún caudillo, de ningún patrón y de ningún partido, que son producto de los esfuerzos colectivos que vienen desde abajo y desde fuera del sistema, de una institucionalidad que no nos sirve. Porque esto nos permite establecer lazos de comunicación, de ánimo y de mostrar que es posible superar no solamente los enemigos que están encima, delante de nosotros, sino también los enemigos internos que tenemos, como son el individualismo, la resignación, el pesimismo, la apatía y, ante todo, el miedo que mucha veces tenemos en nuestros espíritus, en nuestros corazones, para poder acompañar una lucha o, mínimamente, mirar lo que pasa a nuestro alrededor e involucrarnos en algo que es común para todos nosotros y nosotras.

Yo siempre cuento, de manera muy simbólica, que Cochabamba es una región que tiene casi dos millones de habitantes, con su población campesina y citadina, y toda la gente que participó en la guerra del agua, decidió oponer barricadas en cada puerta. Una decisión que asumieron en los cabildos de todas partes. Una manera simbólica de decir la privatización no entra en nuestros hogares. ¿Y cómo construyeron las barricadas? Las construyeron con efectos diarios, de la vida de la gente, de cada familia. La gente sacó sus mesas, sus sillas, sus juegos de comedor, de living, sus cocinas, sus ollas. Los ancianos sacaron sus sillas de rueda, sus muletas. Los niños sacaron sus juguetes, sus peluches, sus bicicletas para poner una barricada en cada casa y de manera simbólica decir aquí no entra la privatización. Esos hechos, salidos del pueblo de manera tan creativa, de manera tan alegre, le dieron mucha fortaleza al movimiento. Y la gente en esas barricadas, al mismo tiempo, empezó a construir.

Yo digo estamos en tiempos de ser en construcción. Esos cercos que ponen los hermanos mapuche, esos cercos que pone Modatima en todas partes -he estado escuchando el testimonio de los compañeros de Til Til, por ejemplo- esos cercos, al mismo tiempo, producen espacios de construcción. De recuperación de esas formas de convivencia social que nuestros papás y nuestros abuelos, nuestras abuelas y nuestras mamás, nos contaron y que nosotros ahora tenemos la obligación y responsabilidad de contar también a nuestros hijos. Creo que estamos en un proceso de una reconstitución de la comunidad. La comunidad no solamente significa algo que esté afuera de nuestras casas. La comunidad se comienza a construir en nuestras casas, en nuestro hogar, en el barrio, en el sindicato, en el aula de estudio, en la maestría, en el doctorado. Entonces creo que es una etapa que nos plantea un desafío. Al mismo tiempo esa comunidad, esas formas organizativas que seguramente iremos encontrando en función de nuestras realidades, de nuestras culturas, de nuestra historia, de nuestra memoria, son desafíos que hoy tenemos. Son desafíos que hoy tenemos porque ha habido numerosos movimientos sociales que se han ido levantando en lo que se llama nuestra Abya Yala, que es América ahora, donde además tenemos la gran coincidencia de que los modelos o matrices productivas en nuestros pueblos son exactamente los mismos y a nivel mundial, pero con mayor dureza aquí en nuestra América. El modelo extractivista minero, petrolero, monoproductor y que los diferentes gobiernos, llámense como se llamen, lo han instalado de manera perversa, y en algunos casos hasta criminal, para con nuestros pueblos. Y tenemos también hoy la gran posibilidad de visibilizar estas victorias, por muy pequeñas que sean, de tal forma que nos puedan inspirar la posibilidad de avanzar, de ver que es posible vencer enemigos comunes como son los bancos, las corporaciones, los políticos, que raras excepciones, están cortados por lo misma tijera. Políticos que ignoran nuestra existencia cuando toman medidas. Para ellos no existimos cuando toman medidas, no les interesa quienes somos, ni siquiera saben quiénes somos. Si algo hemos aprendido en estos tiempos es que para los poderosos existimos sólo cuando nos movilizamos.

Y concluyo diciendo que uno de los aspectos fundamentales de nuestras luchas es que debemos dotarnos de armas. No estoy hablando de armas de guerra, sino de armas que nos permitan dotarnos de instrumentos como, por ejemplo, la información. Nos han quitado un derecho fundamental que es el derecho a la información. Nos han condenado a un mundo del trabajo donde la gente ya no tiene tiempo para venir a este tipo de espacios de reflexión. La gente no tiene tiempo para reflexionar. No tiene tiempo para pensar. No tiene tiempo para informarse y creo que tenemos que crear una capacidad creativa de tal forma que nos permita informarnos de lo que pasa en el mundo, de quienes son los enemigos que tenemos en frente. Y cómo puede esa información contribuir a la indignación. Yo convoco a los pobladores de estos territorios a que puedan tener la capacidad de indignación. Es hora de que empecemos a indignarnos. No podemos seguir mirando desde el palco o desde cualquier escenario, cómo suceden las cosas de manera tan simple. La impunidad, el cinismo de los que nos gobiernan, de una gran parte de quienes nos gobiernan, no es posible seguir soportándolo. Con qué cara podemos mirar a nuestros hijos y a nuestros nietos, de que no hicimos nada para cambiar estas cosas. Creo que tenemos la obligación.

Hoy en Bolivia la situación tampoco es muy fácil. Evidentemente estamos en otro escenario, donde estamos hablando no de la renacionalización o de la recuperación del agua o de las empresas públicas, estamos hablando de la reapropiación social de lo público. Estamos hablando de otros términos. Pero aun así tenemos dificultades y quizás mucho más angustiosas que cuando se tiene un gobierno de derecha. Entonces, yo convoco aquí que estos encuentros, estos testimonios, los hagan sentir que estamos acompañados. Que estamos acompañados, que no estamos solos. Y ese sentimiento de acompañamiento, de hermandad, de que otros pueblos estamos luchando por lo mismo, contra los mismos y por los mismos, seguramente nos hará perder un miedo, un enemigo grande que tenemos que es el miedo, la indiferencia, la apatía y la resignación. Yo quiero saludar simplemente a toda la gente que ha venido acá para escuchar. Estoy seguro que poco a poco iremos comprendiendo todos nosotros y nosotras que la lucha es una especie de mosaico, que aunque estén separadas geográficamente un día van a seguir siendo completados. Ese gran mosaico que se llama nuestra América, para construir una sociedad mejor.

*Fue uno de los principales líderes de los manifestantes contra la privatización del agua en Bolivia . El resultado de estas protestas fue un evento conocido como la Guerra del Agua de Cochabamba.

 **Conversatorio Resistencias Territoriales en Abya Yala. El agua, el territorio y la vida. Realizado el jueves 10 de agosto en el Centro de Estudios Avanzados y Extensión PUCV.

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