Boletín Pichikeche N° 33: Alberto Curamil*, El agua no la vemos sólo como un recurso que nos permite vivir, sino también como una fuerza que nos permite mantener nuestro equilibrio**

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Junto con saludarlos a cada uno de ustedes, a mis hermanos mapuche, mis hermanas mapuche si hay alguna presente por acá; a los amigos no mapuche, personas que vienen a representar alguna organización. A cada uno de ustedes les da mi saludo. También mencionar en mi corta introducción el por qué estoy acá. Vengo de la novena región, como dice el Estado; vengo de la comuna de Curacautín, una comuna que se instaló hace 130 años, aproximadamente. Vengo de un lof de nombre Radalko; un lof que existe aún y que habían hecho desaparecer a los mapuche de ahí. También vengo de la comuna de Ercilla, cerca al sector de la comunidad Temucuicui. Una comunidad emblemática en esta lucha, en este proceso de reivindicación y en donde se han vivido diferentes procesos. En este sentido, también somos descendientes de aquellas luchas que estamos llevando hoy y que tenemos que asumir nosotros a estas alturas, siendo aún persona joven. No alcancé a conocer a mi papá, él falleció supuestamente cuando yo tenía un año y dos meses. Él era una de las personas que organizaba a su comunidad, a su sector, la comunidad Pancho Curamil, que hasta el día de hoy sigue trabajando, sigue recuperando. Fue una persona que se organizó y se articuló en diferentes organizaciones, también como en ese tiempo estaba la dictadura cívico-militar y por ahí también él se anduvo coordinando para poder enfrentar aquel régimen. Bueno, una larga historia.

Nosotros, por un tema de recuperación de tierras, nuestro espacio donde vivíamos, en la comunidad Pancho Curamil (Ercilla), que es el que se nos designó, se nos hizo pequeño, se nos hizo muy reducido con el aumento de las familias que fueron naciendo en nuestra comunidad. Eso hace que nosotros, hace 10 años, nos tuviéramos que cambiar a la comuna de Curacautín. Un nuevo espacio, en donde ya, en ese sector o en ese antiguo lof, el mapuche ya prácticamente había desaparecido. Radalko es un nombre mapuche, legítimo de nuestro pueblo; sin embargo, el winka y la invasión chilena le pone Colonia Radalco. Hoy hace 10 años que estamos ahí. La mayoría de las personas que estamos ahí, somos todos jóvenes, familias jóvenes. Somos seis familias que estamos ya radicados ahí en ese lof y dentro de aquel hoy nos encontramos con diferentes problemas. Cuando uno llega a un lugar y existen empresas privadas, como la forestal Mininco, forestal Comaco, ahí tenemos problemas. Por lo tanto, eso significó desde ya un conflicto para nuestra comunidad, para nuestras familias; un conflicto económico en donde no podíamos tener nuestro desarrollo como familias, con nuestros hijos. Y, bueno, junto con esto la empresa forestal también, a través de sus plantaciones de eucaliptos, va disminuyendo la cantidad de agua, las fuentes de agua, las vertientes que existían en ese territorio. Lo pudimos ver con nuestros propios ojos. El día de hoy la planta forestal, así como va creciendo, cada vez hay menos agua. Y aquí me voy yendo a los problemas actuales que nosotros tenemos por la defensa de los ríos, por la defensa de las aguas en general. Posteriormente a la empresa forestal, la poca agua que existe hoy en ese lof o en ese territorio o en general en la comuna de Curacautín, hoy está siendo intervenida por empresas hidroeléctricas.

Nuestra cultura como mapuche, era muy poca la que se practicaba en aquella comuna, y la gente prácticamente fue invadida con el conocimiento occidental, y ya nadie quería escuchar este idioma (el mapuzungun) que yo hoy aún mantengo. Nadie entiende aún y cuesta mucho comprender nuestro idioma. Un idioma que nuestros viejos, que nuestros abuelos, que nuestros papás, siempre lo utilizaron para comunicarse y comunicarnos, no sólo con nuestra persona, no sólo de persona a persona, sino también con todos los seres vivos o con todos los newenes, gen que nosotros le mencionamos, con los cerros, con la montaña y todo su espacio sagrado que tiene ahí menoko.

Y esto para mí significó, primero, tener que trabajar con las comunidades. Las comunidades como estaban/están invadidas con el conocimiento occidental, ellos competían, luchaban, por tener un título profesional, toda su gente, sus jóvenes, sólo estaban empeñados en competir quién podía lograr más títulos profesionales, quién podía tener una mejor supuesta educación. De tal forma que mi presencia era rechazada dentro de mi propia gente, dentro de mi pueblo, dentro de mi sangre, dentro de las comunidades mismas mi presencia era rechazada. Imagínese dentro de la ciudad. Me acusaron de ser persona violenta, de ser comunista, de ser un revolucionario y de ser un violentista. Fue un proceso difícil, duro; de tener que trabajar, usar estrategias nuevas, hablar con un lenguaje distinto, tratando de acomodarme a toda la ciudadanía de Curacautín para que ellos me pudieran entender. Finalmente, las mismas empresas hidroeléctricas hicieron que nosotros también nos reuniéramos. ¿Por qué? Porque esa hidroeléctrica fue a dañar directamente a la comunidad en la cual muchas veces a mí me rechazaron. Y cuando pasó eso, ellos comprendieron de que sí estaban siendo invadidos; de que sí ellos, que querían rescatar su cultura, un poco, a lo mejor, de manera bien folclórica, pero sí se dieron cuenta que había algo importante que se estaba dañando en ese territorio. Y eso hace que nosotros empezáramos a conversar de nuevo, a llevar un nuevo proceso en aquel lugar, y armamos en aquella comuna una defensa, involucrándonos mapuche y no mapuche. Nos tocó organizarnos con personas que se fueron con un propósito de ir a invertir en aquella comuna, aquellos que compraron terrenos previos, aledaños o muy cercanos al mismo río Cautín. Estas personas que fueron a invertir, que precisamente trabajaban en el rubro del turismo, también se vieron afectados. Sin embargo, después de que nos organizamos e hicimos la defensa, hubo una diferencia significativa: ellos solamente defendían sus bolsillos, sus inversiones. Y nuestra defensa va mucho más allá. ¿Por qué? Porque, si bien es cierto los compañeros acá van a hablar de los derechos tal vez más legislativos en relación al gua; nosotros, frente a eso, yo no voy a entrar mucho en detalle con respecto a los derechos de agua, sino mi tema es cómo nos afecta y cómo nosotros vemos esos recursos que están ahí. No lo vemos sólo como un recurso humano, no sólo como un recurso que nos permite vivir, sino también como una fuerza que está ahí, y que nos permite a nosotros mantener nuestro equilibrio. Nuestros viejos, nuestros ancianos, ellos hacían su rogativa a orillas del río, ellos se comunicaban con el río. Existe una espiritualidad que nos conecta y que nos comunicamos día a día con esa agua, con esa fuerza, con ese gen. Entonces, no sólo exigimos la devolución de las aguas como para tener derecho legal, para tener derecho a postular a un proyecto haciendo uso de aquellas aguas. No estamos luchando para eso. Estamos luchando para que nuestro ngillatún, para que nuestro mogen, nuestra vida permanezca en equilibrio. El equilibrio es un tema importante para nosotros. Tener una vida, tanto como corporal desde uno como persona, como humano, pero la vida espiritual también es importante. Y en esto quiero mencionar, como ejemplo, cuando hubo sequía el año antepasado, una sequía tremenda; y quienes las provocan muchas veces son las mismas plantaciones forestales. Pero dentro de aquella sequía hubo una desesperación dentro de nuestra comunidad ¿Qué hicieron quienes les toca encabezar en un lof, en un territorio, en una comunidad? Nos reunimos rápidamente ‘ya peñi, aquí nosotros no podemos seguir así’. (Palabras en mapuzungun). Usamos ese idioma (el mapuzungun), usamos nuestro idioma, usamos nuestro lenguaje. ‘Existe un ser, existe alguien que nos dejó la tierra, el agua, existe esa fuerza. Hagamos un ruego hacia ellos. Que ellos se apiaden de nosotros y que vuelva a esa agüita que nos está haciendo falta hoy’. Porque nos estaba afectando también en el tema económico, porque nosotros principalmente nos dedicamos al rubro de ganadería. Nos juntamos, en una comunidad, en un guillatúe. Se hizo una rogativa con muy poca experiencia, tal vez. Y me tocó dirigir a mí ese guillatún, con muy poco conocimiento aún, a pesar de que uno maneja el idioma. Porque esa sequía hace muchos años atrás había ocurrido, pero esta vez ocurrió y me tocó dirigir a mí la rogativa. Y felizmente llegó otro anciano, de otro territorio, que se topó con esa sorpresa y que tenía conocimiento, y en conjunto hicimos el guillatún. Nos fuimos al río, ahí utilizamos el río, el newen, ese gen, y nos pudimos comunicar. Y se concedió lo que nosotros le pedimos a chaumechen (buscar) esa agüita que hacía falta para la tierra.

Entonces, eso es un poco lo que yo le podría explicar con respecto a la importancia que tiene el agua para nosotros. La importancia que tiene el río para nosotros. En el plano legal, todos los derechos pertenecen a un particular, a una persona. Por lo mismo, el agua puede correr al lado de mi casa, del sitio de mi casa, pero yo no tengo ese derecho legal. Pero sí tenemos esa comunicación espiritual, aunque esté diez kilómetros más allá el río; sí tenemos esa conexión espiritual; sí nosotros la sentimos cuando ese río está anunciando lluvia. Sí nosotros lo sentimos pronunciarse a ese río. Y es por eso que nosotros lo defendemos, más allá de los derechos de querer, como ya les mencioné, sacarle un provecho, qué sé yo, económico o un provecho productivo al agua, porque el agua sirve para regar y todo. Pero, más allá, independientemente de todo aquello, es la parte espiritual que a nosotros nos permite seguir siendo lo que somos hoy: mapuche, vida mapuche, ser mapuche. Entonces, esto es lo que yo le podría plantear un poco

Esto también ha significado procesos judiciales. Hemos sido dos veces ya procesado y, felizmente, también hemos ganado esos juicios. Nos hemos ido a juicio, nos han querido privar de libertad. Ha existido persecución. Y, como siempre, también existen amenazas. Y muchas veces toda esas energías que existen, esa mala energía, muchas veces llega a uno, llega a nuestras familias. Esa mala energía. Pero, bueno, les vuelvo a mencionar, cuando nosotros nos sentimos atacados por esa energía negativa, nuevamente acudimos a una rogativa. Una rogativa tal vez más personal, más familiar. Se arrodilla el hombre o sale la mujer a pedirle a chaumechen, una fuerza para poder combatir contra aquella fuerza que nos quiere atacar. Y eso nos permite fortalecernos más, confiarnos más y es por eso que, muchas veces podemos ser muy pocos, pero generamos grandes fuerzas. Pero bajo ese conocimiento. Bajo ese consejo que nos dejaron nuestros viejos, que ha costado mucho trabajarla, que ha costado mucho mantenerla, porque existen muchas intervenciones dentro de nuestras comunidades también. Podríamos mencionar la religión evangélica, la intervención, por ejemplo, del alcohol. Muchas veces se alcoholiza también a nuestra gente, y es lamentable. O muchas veces las intervenciones políticas, del gobierno, que intervienen muchas veces dentro de nuestra comunidad. Y frente a eso, se va produciendo también enemigos internos que muchas veces cuesta enfrentarse contra ellos, cuesta muchas veces.

Así que la resistencia del pueblo mapuche no es sólo contra una empresa, no es sólo contra el gobierno, no es sólo contra el sistema legal que hoy está todo en nuestra contra, sino muchas veces se interviene dentro de nuestra comunidad, donde nosotros tenemos que tener mucha paciencia para enfrentar a esa gente. Muchas veces tenemos que guardar silencio, aunque nuestros hermanos equivocadamente pueden estar hablando puras estupideces, pero muchas veces nosotros tenemos que guardar silencio. Y muchas veces tenemos que dar un paso atrás para poder seguir en nuestra lucha. Entonces a veces hay que soportar todo esto. Y esa es una verdadera lucha. Porque si nosotros nos vamos de golpe a golpe, vamos a ir perdiendo cada vez más fuerza. Entonces a veces hay que callar. A veces hay que retroceder para después poder avanzar.

Y hoy seguimos articulado con nuestras familias. Estamos llevando una recuperación, un control territorial que le mencionamos nosotros, de siete mil hectáreas aproximadamente las seis familias. Y estamos tratando de rescatar todo, conservando el bosque nativo. Nosotros estamos controlando esas siete mil hectáreas y la gente del pueblo se dieron cuenta de que nosotros nos estamos empoderando, y ellos se meten a cortar árboles nativos, a sacar leña, a extraer leña. Y eso también juega en contra de nosotros, porque después llega por ahí la fuerza policial y ve que hay árboles nativos en el suelo o cualquier persona particular que pase por ahí, y dicen ‘mira lo que están haciendo los mapuche. Dicen que son defensores del territorio pero están cortando bosque nativo’. Y lo publican y a veces usan hasta los medios de comunicación local que existen ahí. Y trabajan en contra nuestra. Trabajan desprestigiándonos a nosotros como comunidad. Pero nosotros estamos luchando adentro del bosque forestal tratando de cortar eucaliptos, cortar el pino, para poder así proteger nuestro bosque nativo.

Así que eso pu peñi pu lagmen, amigo, es lo que podemos compartir a esta hora.

*Werkén de la comunidad mapuche Pancho Curamil.

**Conversatorio Resistencias Territoriales en Abya Yala. El agua, el territorio y la vida. Realizado el jueves 10 de agosto en el Centro de Estudios Avanzados y Extensión PUCV.

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