Abogada Karina Riquelme*: “Nosotros trabajamos en el contexto jurídico, nuestra principal lucha es la presunción de inocencia respecto de personas mapuche perseguidas por defender sus derechos”.

Fotografía obtenida de internet

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Bueno, les saludo. Soy Karina Riquelme y vengo de Temuco. Primero quiero agradecer a ustedes que están aquí, que están aquí para escuchar, para conversar, para comer sopaipillas, para abrazarnos, para conocernos también. Quiero agradecer también a quienes me invitaron, que no nos conocíamos personalmente, y que nos conocimos hoy día. Que es un gusto para mí estar acá.

Soy nacida en Temuco, soy criada en La Araucanía, toda mi vida he estado allá, estudié allá. Desde los comienzos de la universidad, empecé a conocer o a interesarme un poco más de lo que allá estaba sucediendo. Lo veía en el territorio donde yo me desplazaba. Compartía con un montón de gente, y antes de comenzar los estudios de abogada, comencé a recorrer las comunidades, a conocer la resistencia, a conocer los derechos y a interesarme un poco en eso. Y, bueno, pertenezco a un colectivo autónomo que se llama Centro de Investigación y Defensa Sur (Cidsur). Somos profesionales con una gran vocación, llevamos nueve años en los que yo creo que ya nos hemos convertido en una familia. Comenzamos en momentos bien difíciles, en el año 2010, aproximadamente, cuando había más de 23 mapuche acusados por la Ley Antiterrorista en distintas cárceles de La Araucanía y de la región del Bío Bío. En ese tiempo había aproximadamente cinco casos en los cuales se invocó esta Ley y, bueno, yo me titulé y a la semana comencé a asumir causas por Ley Antiterrorista. Nosotros éramos cuatro profesionales, que empezamos, yo era la única mujer en ese tiempo, con tres colegas más, un trabajador social y dos abogados. Y, bueno, asumimos las causas por terrorismo y empezamos a aprender trabajando; empezamos a aprender día a día, en lo que significaba el contexto judicial. Nosotros trabajamos en el contexto jurídico, nuestra principal lucha es la presunción de inocencia, el debido proceso, respecto de personas perseguidas por defender sus derechos, por ser parte de ese territorio es que, en definitiva, nuestros mayores representados han sido miembros del pueblo mapuche, porque son las personas que hoy día en ese territorio están luchando fuertemente por sus derechos. Nosotros, jóvenes e impetuosos, cuando comenzamos, empezamos con mucha fuerza a presentar recursos de protección, recursos de amparo, en contra de la PDI, en contra de carabineros, en contra hasta de los jueces. Eso significó en seguida una vuelta de mano. En el año 2010 (estamos a 2018), recibí una notificación en mi casa por debajo de la puerta, donde decía que yo tenía que ir a la PDI para comunicarme con Marcelo Millacoy, me acuerdo súper bien de ese momento. Yo pensé que era en relación a algún caso de los que yo llevaba. Entonces fui, me acompañó un amigo recuerdo, y fui a preguntar de qué se trataba y él me dice que se trataba de una investigación que se estaba llevando, pero en contra mía. Y como que quedamos… bueno, yo le dije ‘ya, pero de qué se trata la investigación. Quién me denunció. Quién es la víctima’. ‘No, no hay víctima’. ‘¿Cómo no hay víctima?’. ‘No, no hay víctima. Me llegaron estos antecedentes a mí nomás’. Era lamngnen el PDI, Marcelo Millacoy. Y yo le dije ‘pero de dónde llegó estos antecedentes’. Me dice ‘no, me llegaron de la Fiscalía’. ‘Ya, pero…’, insistía yo en saber a quién se supone que yo había afectado. Me dice, ‘mire, no sé, a mí me llegó esto y yo tengo que investigar esto, tengo que tomarle declaración a usted’. Y yo ahí como que quedo un poco plop, igual. Y la persona que me acompañaba me dice ‘no’. Me recuerda mis derechos, y me dice ‘no, ella no va a declarar ahora, y tenemos que ver los antecedentes’. Entonces, ahí comienza una etapa que fue fuerte, la verdad. Fue bastante fuerte verme envuelta, digamos, en un proceso a los, yo diría, llevaba seis, siete meses de estar ejerciendo la profesión, pero durante los cuales nos habíamos ganado varios recursos en contra de la PDI, en contra de carabineros, se había hecho famoso, digamos, a nivel nacional porque se había declarado efectivamente que las policías ejercían fuerza desmedida en contra de niños mapuche. Esa fue un trabajo que empezamos a hacer y que empezamos a dar cuenta, porque, en realidad, anteriormente igual se dieron cuenta a través de informes, pero jurídicamente, judicialmente, nunca un tribunal había establecido que efectivamente la PDI o carabineros interrogaban a los niños mapuche, los seguían, les preguntaban ¿qué hacían sus papás?, ¿dónde escondían las armas?, en las escuelas, en el camino hacia sus domicilios.

Ese proceso terminó en un juicio; en el peor juicio de la historia de Cidsur, que fue perdido. Perdimos. Yo fui condenada en el año 2011. Fue el peor juicio de la historia porque en ese momento, además, paralelamente, todos los lamngnen que nosotros representábamos se encontraban en huelga de hambre. Entonces, la verdad es que mi juicio era la última cosa de la cual nos íbamos a preocupar. Estábamos todos preocupados de que teníamos a unos lamngnen que estaban, de verdad, con su vida en vilo; y teníamos juicios por terrorismo, teníamos que pedir dirigencia, teníamos muchas cosas que hacer. Y además teníamos un juicio en Pucón, porque fue en Pucón todo esto, y que, bueno, lo perdimos. Los mismos que me representaron a mí fueron los abogados de Cidsur. Además, en ese tiempo estaba Jaime Madariaga, que estaba en ese territorio. Fui condenada a 21 días de presidio pero que fue conmutado por un año de firma.

Esa experiencia para mí, puedo decir que fue una muy buena experiencia, en el sentido de que estar sentada de imputada me entregó una visión tan importante que, la verdad, creo que no sería hoy día la misma abogada si no hubiera vivido eso que viví. Así que le agradezco a Alberto Chiffelle, que es el fiscal que de oficio comenzó una investigación en mi contra. Nosotros no sabíamos por qué había empezado la investigación, y en definitiva, cuando llegó la preparación del juicio y todo eso, pedimos la carpeta y la primera hoja de la carpeta decía ‘Constancia. Buscando antecedentes de la colega Karina Riquelme para poder ingresarla en el sistema de la fiscalía, la googleo’. Él me googlea, pone Karima Riquelme, ‘y encuentro antecedentes que al parecer ella habría estado ejerciendo ilegalmente la profesión en el año no sé cuánto (anteriormente)’. Así que de oficio le envío los antecedentes, le preguntó al fiscal regional de ese tiempo, Francisco Ljubetic, un conocido perseguidor de mapuche, y dan pie y orden a la investigación. Nunca nadie denunció que yo lo había engañado, que yo le había dicho que era abogada y no lo era. Eso nunca sucedió. No había víctimas. Sí fue una experiencia que me hizo colocarme en otro lado y observar y poder entender mucho más a las personas que yo también empecé a representar y que representaba en ese tiempo.

La organización de nosotros ha enfrentado numerosos procesos. Todos los procesos por terrorismo que fueron el 2011, estuvimos presente en todos ellos. No sé si ustedes saben, pero en ese tiempo muchas personas fueron procesadas y luego todas ellas fueron absueltas. Pero la mayoría de ellas, pasó más de un año en prisión preventiva. Una cuestión constante que tiene que ver con la invocación de esta ley tan especial y tan terrible, que es el reforzamiento de la prisión preventiva y que, en definitiva, logra la desmovilización, o sea, yo no sé si la logra tan fuertemente, pero esa es su finalidad, desmovilizar y mantener a todos los dirigentes preocupados de ir a la cárcel, preocupados de hacer peñas, de conseguir alimentos para las familias, de poder sustentar a los abogados, porque, bueno, nosotros somos un grupo que es autónomo y autogestionado hace nueve años y no recibimos aporte estatal. Nosotros trabajamos en la autogestión también y en conciencia con los lamngnen, y ellos mismos sustentan lo que significa tener una persona de confianza y que no sea del Estado.

Luego que pasó esa temporada de invocación y aplicación de la Ley Antiterrorista, hubo un tiempo de calma, que nosotros hemos observado que es como un círculo que sucede en general en La Araucanía. Con anterioridad, por ejemplo, en el año 2001, cuando hubo la Operación Paciencia y hubo la detención de la gente de la CAM (bueno, yo en ese tiempo era chica todavía, no era abogada), pero uno de nuestros miembros, que es Pablo Ortega, él estuvo presente en todos esos juicios. Y también hubo, claro, una gran criminalización, hubo presos. Pasa un tiempo y después de nuevo pasó en el año 2011; ahora pasa un tiempo y, bueno, sucede el caso Luchsinger. Los hechos del caso Luchsinger, total y absolutamente condenables que hayan sucedido, son unos hechos terrible, pero han traído consecuencias nefastas y yo creo que son exageradas, jurídica y judicialmente hablando. Uno cuando observa y ve los otros casos, cuando el mapuche es víctima o cuando la persona pobre es víctima, realmente la justicia actúa de manera distinta. Y eso lo vemos, pero además no es que uno lo vea así ‘sí, eso pasa, para el pobre no hay justicia. Para el rico es otra cosa. Cuando uno lo ve aquí con los políticos, con los procesos, etc.’. Ahora, nosotros, que lo vemos directamente, procesalmente hablando, las cosas técnicas, es aberrante. Es realmente aberrante. O sea, el ser víctima, Víctor Queipul, por ejemplo, que fue secuestrado, que fue torturado toda una noche, y que en menos de un año quieren cerrar la causa; Yini Sandoval, donde también quieren cerrar la causa; Macarena Valdés, que quieren cerrar la causa; que en las investigaciones no se gasta el dinero que se gasta, por ejemplo, como en el caso Luchsinger. En el caso Luchsinger estamos hablando que sucedió en el año 2013 y estamos en el 2018, y este martes (21 de agosto) vamos a tener más alegatos todavía respecto a esta investigación. O sea, el paralelo respecto de, no solamente la parte jurídica, sino también hasta lo mediático, es realmente aberrante. Y yo les puedo decir que ya, jurídicamente, hablo con mis colegas de otras ciudades, de otros países, y les cuento cosas técnicas y quedan absolutamente sorprendidos, porque, de verdad, es como un Macondo judicial, las cosas que pasan allá no pasan en otros tribunales. Evidentemente, a lo largo de los años uno se sorprende mucho. Llega un momento que uno dice ‘esto pasa, existe evidentemente un interés’. Yo, a lo largo de los años, nunca di opiniones respecto del poder judicial, mantuve un respeto respecto de este poder que se supone tiene que mantenerse independiente. ¿Por qué? Porque, por ejemplo, todos los juicios de los lamngen en los tiempos de terrorismo, qué hicieron, absolvieron a todos los lamngen. Cuando llegamos al tribunal oral, las pruebas eran malas, y así fueron las sentencias. Pruebas malas, pruebas burdas, malas investigaciones. Así lo dijeron los tribunales. Entonces, yo dije ‘ya, muy bien, aquí fueron todos absueltos’. El Estado fue condenado a pagar las costas, millonarias costas. Pero, ¿qué pasó con el Ministerio Público en ese tiempo?, ¿qué pasó con los fiscales que hicieron las investigaciones? Fueron todos ascendidos en distintos cargos, todos. Se abrió una Fiscalía especial, la Fiscalía de Alta Complejidad, donde el fiscal Alberto Chiffelle, donde el fiscal Luis Arroyo, toman cargos importantes y continúan sin ningún tipo de sanción luego de estas malas investigaciones, de estas burdas pruebas; y luego también de muchas denuncias de apremios ilegítimos. Desde el año 2011 que nosotros venimos haciendo denuncias de apremios ilegítimos, de torturas, porque ya hoy día tenemos tipificado el delito. Hoy día tenemos tipificado el delito de torturas. Hemos hecho denuncias desde el año 2011, nunca se ha formalizado a nadie. Nunca hemos tenido la posibilidad de formalizar, aun con reconocimientos, aun con, de verdad, relatos muy graves, que uno dice ‘pero, por favor, si estamos en el 2018. Pero cómo esas cosas van a estar sucediendo’. Pero sí, suceden. Suceden y desgraciadamente no existe protección, no hay protección. A estas alturas del caso, yo soy una persona que siempre he sido, bueno, por algo trabajo en lo que trabajo, insto en que hagamos las denuncias, que hagamos querellas, que si te están siguiendo poner recursos de amparo y, la verdad, es que a mí se me acaban los argumentos ahora para convencer a los lamgnen para que lo realicemos. Porque desgraciadamente la posibilidad de lograr algo con ese trabajo, con el trabajo jurídico, es casi nulo. O sea, las investigaciones en las cuales nosotros somos querellantes son unas constantes frustraciones, porque no se llega a ningún lado. ¿Y por qué? Porque son los mismos fiscales, son los mismos fiscales que investigan al mapuche, luego son los fiscales que investigan cuando ellos mismos son víctimas. Un gran ejemplo es el caso de José Manuel Peralino. Un ejemplo terrible. Y el ejemplo general del caso Luchsinger. Con anterioridad yo no hubiera dado opiniones respecto de las tantas presiones políticas que existían, yo sí daba opiniones en contra del Ministerio Público, decía ‘el Ministerio Público no es objetivo. El Ministerio Público pierde su centro. Aquí los fiscales y el Ministerio Público no es objetivo, pierdo su centro, aquí los fiscales están siendo presionados. Nosotros vemos las carpetas de investigación, y esta investigación no es objetiva porque va por acá y es por este otro lado donde debiera ir. ¿Por qué siempre contra las mismas personas?’. Desgraciadamente hoy día nos encontramos con un nivel de gravedad que, al igual que como los gremios de Paz en La Araucanía gritan y piden el Estado de derecho en la región, yo también lo pido. Yo también pido que necesitamos un Estado de derecho, porque cuando el poder judicial pierde independencia, ahí estamos a un nivel de gravedad máximo. El tema es que el poder judicial, los jueces, no son lo que nosotros esperaríamos que fueran. Y en La Araucanía en particular también. Allá todos somos seres humanos, somos todos criados en algún lugar, todos vamos a un tipo de escuela, todos tenemos algún tipo de relación y nadie en La Araucanía puede decir que no tiene algún tipo de interés respecto de lo que está pasando, porque existen dos cosas. Una, o no saben lo que está pasando, y tienen absolutamente ignorancia, y solamente te dejas llevar por lo que te dicen los medios respecto de lo que pasa con el conflicto entre el Estado chileno y el pueblo mapuche, que muchos le dicen conflicto del pueblo mapuche y no es así. O, tomas posición. Y la posición tiene mucho que ver con dónde naciste, con cómo te criaste, de con quién te vinculaste. ¿Y los jueces de La Araucanía con quién se van a vincular? Sus hijos no van a la escuela rural mapuche. Ellos no van a cenar con los werkenes de Temucuicui. Tampoco se van a encontrar en una ruca a conversar una tarde. No, esas no son sus relaciones personales. Entonces es evidente que tienen un desconocimiento y un interés. De hecho, la mayoría de ellos son colonos o descendientes de colonos. Entonces como existe este interés, el poder judicial perdió la independencia en La Araucanía. Y hoy día nos encontramos con tres personas condenadas, que están con la posibilidad de pasar toda su vida en la cárcel por presiones políticas. En un proceso judicial que parece un cuento, que parece una historia de ficción. O sea, el caso Luchsinger y el proceso que comenzó en el año 2016, que no voy a olvidar ese día porque me llegaron a despertar con piedras en la ventana en mi casa para decirme que habían caído detenido los lamgnen, que don José Tralcal me llamaba a tribunales, yo llego allá y fue un déjà vu, sinceramente, porque yo a don José Tralcal lo defendí en el año 2010 cuando fue acusado de terrorismo. Él fue llevado a juicio por terrorismo. Fue absuelto. Estuvo más de un año preso. El día que murieron los Luchsinger, él estaba cumpliendo una medida cautelar en su casa, él tenía un juicio más adelante. Y la Fiscalía dice que entre medio de ese juicio, mientras estaba acusado, salió a hacer un hecho.

En este se apremió a José Manuel Peralino de una manera que la PDI está acostumbrada a hacer. José Manuel Peralino no es el primer lamgnen que vive eso. Muchos lamgnen lo han vivido. Y no es el primer lamgnen con quien denunciamos estos hechos. La PDI tiene una constante, y es buscar a personas que se encuentren solas, que sean pobres, que tengan un tema con el nivel intelectual, que puedan atraparlo, que puedan confundirlo. Así lo han hecho. Meses antes que pasara lo del caso Luchsinger, se acercó a la oficina de nosotros Juan Nahuelcura con su papá. Él tenía un evidente problema, un notorio problema mental, se le notaba. Y el papá habló conmigo y me dijo ‘sabe qué, ha venido la PDI, lo está hostigando, yo sé que algo le han hecho’. Y él me dice, ‘yo tengo que llevar a mi hijo al machi, él no está bien, ahora lo voy a internar un mes’. Y nosotros pusimos un recurso de amparo. Y resulta que nos informan del recurso de amparo y nos enteramos que efectivamente él estaba siendo investigado por el caso Luchsinger, y que las personas que se habían entrevistado con él eran Claudio Leiro y Guillermo Vilches. El día que tomaron detenido a los 11 lamgnen, conversando ahí, pasamos, nos sentamos, y resulta que José Manuel Peralino dice que a él lo habían apremiado ese mismo día, que le ofrecieron que se cambiara de región, que se llevaban a toda su familia, que le ponían una casa, ‘que tú tienes que ratificar esto y esto otro’. Y él decía, ‘que voy a ratificar si eso nunca lo firmé yo, nunca lo dije yo, esto es una mentira tuya’. Y adivinen quiénes eran los PDI que estaban con él, Guillermo Vilches y Claudio Leiro. Policías que trabajan de una manera totalmente impune, porque ellos pasan ahí años. Y que han sido denunciados y que la continuidad respecto a sus acciones horribles se mantiene. A José Manuel Peralino lo molestaron tres años seguidos, tres años. Yo soy querellante donde se solicita investigar los apremios ilegítimos que él sufrió. La Fiscalía ha intentado cerrar cinco veces la causa. A la Fiscalía no le interesa investigar. De hecho, el fiscal que investiga ni siquiera me ha llamado, yo he tenido que pelear más con el fiscal que con el defensor. Con él tengo que pelear más, con quien se supone tiene que protegernos, que tiene que proteger a José Manuel Peralino. No, no lo protege, no le interesa investigar la causa.

El próximo martes (21 de agosto) son los alegatos de este caso en la Corte Suprema. Es un caso, les repito, bastante extraño, que ha tenido incluso persecución a todos los abogados defensores. A mí me abrieron dos causas en ese tiempo. Han cuestionado la prueba de la defensa y, en definitiva, la condena tuvo mucho que ver con presiones políticas, o sea, una jueza se fue dos semanas antes del término del juicio, que se haya puesto a llorar en el estrado, que el juez presidente asuma actitudes soberbias impresionantes. Yo al señor Germán Varas lo conocía con anterioridad. Lo había visto en juicios en Angol y la verdad me pareció una persona bastante razonable, incluso él hacía investigaciones respecto a cómo llevar a cabo la justicia con el pueblo mapuche. Pero, bueno, él tenía un tema con los ascensos. Entonces justo cuando fue este juicio, él estaba postulando, y yo digo ‘¿tanto será la necesidad de poder de algunos seres humanos que son capaces de encerrar a otros inocentes toda la vida sólo para una cuota de poder?’. Porque eso fue. Yo no me lo he encontrado todavía para decírselo a la cara, porque lo conozco hace nueve años. Llevamos mucho tiempo ahí y conocemos a todos los actores. Conocemos también al señor Hermosilla. El colega Hermosilla que viaja desde Santiago a La Araucanía para mover sus hilos. Que sabemos cómo trabaja también, tiene influencia. Es una persona con influencia, una persona poderosa. Y allá quienes se mueven, los latifundistas, los de los gremios, son personas poderosas y son personas con dinero. Y que tienen el poder en La Araucanía. Tienen alcaldías, tienen las gobernaciones, la intendencia.

Con el Caso Huracán hubo vuelco, digamos, de visión respecto a algo que nosotros veníamos denunciando hace muchos años y que, en general, los lamgnen siempre han denunciado, que son los temas de los montajes. El caso Huracán se develó, todavía no sabemos bien por qué. Dicen que hay un lío de faldas ahí entre un fiscal y un policía y que por ahí reventó todo, porque efectivamente lo que pasó es que la policía se peleó con la Fiscalía, y ahora están a fuego cruzado. Estamos sentados en un juicio inédito, un proceso inédito, que, cuando llegó la formalización de un General Director de Carabineros, nosotros nos mirábamos medios atónitos. Después de nueve años estar en esta situación es una cosa… esa semana estábamos todos medios crazy igual, observando algo que tanto tiempo lo dijimos y algo que, de verdad, tampoco teníamos mucha esperanza que iba a suceder, porque en realidad no sucedió porque un mapuche dijo que le habían realizado un montaje, todos sabemos que no fue así. Fue porque los fiscales dijeron que le habían montado mensajes, o sea, todo se revienta porque Luis Arroyo y Mónica Palma dicen que ellos no han filtrado información a Héctor Llaitul, que a ellos los estaban acusando de haber filtrado información a Héctor Llaitul. Así empieza todo. No porque Héctor Llaitul haya dicho que esos mensajes no estaban en su teléfono y que él no usaba whatsapp ni telegram, no. Si eso no hubiera pasado capaz que hoy día estaríamos en el juicio Huracán en contra de los lamgnen, eso es lo más probable. Y estarían ellos defendiendo esos mensajes en contra de los lamgnen porque lo que ellos comenzaron a defender, y a lo que se ha dedica el fiscal Palma, ha sido limpiar la imagen de los fiscales. A eso se ha dedicado. Nosotros esperamos que esta investigación se amplíe y continúe porque no son sólo los policías los responsables, evidentemente hay responsabilidad de los fiscales. Y lo hemos dicho y lo dijimos esa semana, y eso tuvo consecuencias. Esa fue la semana en que fue la formalización, que se llenó de servicio de inteligencia policial en el tribunal. Como el año 2016 a nosotros nos estuvieron siguiendo los de servicio de inteligencia policial, existía un recurso de amparo en el cual se había dicho ‘ustedes no pueden ir a meterse a los tribunales a sacarles foto a los abogados, dejen a los abogados tranquilos’, eso fue lo que dijo la Corte Suprema. ‘Déjenlos que trabajen’. Si nosotros estábamos haciendo nuestro trabajo. ¿Si nosotros qué hacemos? Vamos a tribunales, hacemos nuestro trabajo, ganamos juicios, y eso es lo que les molesta. Bueno, cuando comenzó, el primer día del juicio, había ocho carabineros del servicio de inteligencia, y uno ya los conoce porque son años, ya les conoce las caras. Entonces yo salí y les saqué una foto. Y uno me queda mirando y me dice ‘¿y por qué estás sacando fotos?’. Y yo le dije ‘¿por qué no, si estás en un tribunal y tú eres policía, no?’. Bueno, yo antes de eso les había preguntado a los guardias quiénes eran, porque conocía a algunos nomás. Y de ahí nos fuimos. Después de eso, ellos les estaban sacando fotos a las víctimas de Huracán, a Rodrigo Huenchullán, a Jaime Huenchullán, a los que les pusieron los mensajes. Y nosotros sorprendidos, porque se supone que ellos asistieron como víctimas. Y ahí subió otro colega y fue y les sacó otra foto. Y después se acerca a nosotros la periodista de la Defensoría Penal Pública y nos dice ‘saben qué, ellos, mientras ustedes estaban alegando, litigando, ellos estaban sacándole fotos a sus teléfonos desde el segundo piso’. A mí y a mi colega Eduardo Painevilo, que lleva un mes titulado. Después de eso vimos al vehículo que se subían, que era un vehículo sin patente en la parte posterior. Generalmente los vehículos de la SIP en la parte de atrás no traen patente uno tiene que ir a mirar a adelante para saberla. Fuimos, buscamos la patente, la anotamos y de quién era, de inteligencia de carabineros. Así que ahí comenzamos a pensar en un recurso de amparo, y al día siguiente desaparecieron, porque, a todo esto, yo subí a twiter fotos de los carabineros, fue como público lo que pasó. Y al día siguiente aparece uno solo en tribunales, sentado en la sala en una esquinita. Bueno, y ahí al lamgnen Martín Curiche lo siguieron desde el hogar mapuche hasta el tribunal, cuando él iba como víctima. Como lo siguieron, su abogada, Manuela Royo, se da cuenta en el tribunal y le decimos que era esa persona que está ahí sentada, y lo apuntamos, ahí mismo. Al ser apuntado, él se para, y fue muy simpática su reacción, porque dice ‘no, no estoy haciendo nada, me voy nomás’. Y todos quedamos un tanto sorprendidos. Nosotros le dijimos a la jueza, ‘señoría queremos que dé su nombre y qué está haciendo acá, porque, en definitiva, hay una prohibición que ellos estén acá’. La jueza le dice, ‘no, si no se tiene que ir, si esto es público. Diga su nombre’. ‘Óscar’. ‘Ya, pero Óscar cuánto’. ‘Óscar, no sé cuánto’. Nadie entendió. Y agarró sus cosas y se fue. Bueno, ese día en la tarde yo estaba en mi casa, nosotros estuvimos todo el día estudiando, porque fue una audiencia muy larga. Media hora después que se fue Rodrigo Román y otro colega de mi casa, viví este tema que, bueno, lo publiqué harto porque fue bien extraño, que fue un láser en la ventana de mi casa, un láser verde en la ventana de mi casa. Yo estaba con mi hija súper tranquila y me llamó la atención, pensé que podría haber sido cualquier cosa, pero ya después fue constante, después abrí la ventana, saqué el cuerpo por la ventana. Fue así como muy constante lo del láser. Y después dije ‘ya, voy a llamar a alguien’, y cuando intenté llamar a alguien mi teléfono estaba caído. Bueno, y ahí fue que me dio la impresión a mí de pensar que podría ser la policía, porque tienen esos recursos. Lo hacen en las marchas, lo hace en otros lugares, que se te caiga el teléfono. Eso pasó esa semana y ya ahí se presentó un recurso de amparo respecto de esos hechos que, en definitiva, tienen como finalidad hostigar visiblemente para poder acallar, para poder igual, psicológicamente, bajarte las revoluciones. Y no voy a negar que sí me vi afectada un par de semanas, que no tenía ganas de salir, que no tenía ganas de ir a dar entrevistas ni decir todo lo que estoy diciendo, porque efectivamente sí me afectó. Porque es una manera de desmovilizar también. Pero, bueno, hoy día estamos aquí, como decía la lamgnen, con más fuerza, porque estas cosas desgraciadamente ellos no tienen el espíritu que quizás tiene las personas que se encuentran hoy día convencidas y luchando por lo que consideran que está bien. Todos tenemos nuestras propias luchas y nuestras propias convicciones. Yo tengo el honor de poder aportar un pequeño grano de arena con nuestra organización a los lamgnen en sus luchas de años, en su gran lucha, porque, en realidad, la criminalización es un pedacito de todo lo que pasa allá. Me siento orgullosa de poder hacerlo, de poder conocer a tremendas personas en esos territorios, con ese tremendo espíritu de lo que he aprendido mucho. De lo cual me siento muy conectada también porque creo que la defensa de los territorios, la defensa del agua, es una defensa que no solamente es para la gente que es mapuche. Tiene que ver con la vida, con la vida de todo. Y, bueno, eso. Estamos con más fuerza y estoy muy contenta de estar acá porque, en realidad, para mí también venir y poder conocerse y poder abrazarse es algo que ayuda para que uno siga, porque en realidad a mí los láser, los seguimientos, las fotos, no son algo que en definitiva vayan a generar que deje lo que quiero hacer, lo que estoy haciendo, porque lo hago con muchas ganas, porque me gusta hacerlo, porque en definitiva también creo y lo converso con mis colegas que tienen otro pensamiento, converso con jueces que tienen otro pensamiento, que a esto hay que buscarle una solución, que esto no puede ser eterno. O sea, llevamos ocho años discutiendo y generalizando un tema que se debe tratar de otra manera, y que hay que seguir visibilizando y que quizás, hoy día no estoy hablando en un tribunal, ni alegando en un tribunal, como lo hago en los tribunales. Estoy aquí. Y algo que también dijo mi colega, Sebastián Saavedra, nosotros no éramos mucho de ir a foros o cosas así, porque estábamos en los tribunales y esa era nuestro trabajo. Pero esto se convirtió ya en algo totalmente político y que esto, el venir a conversar con ustedes, es totalmente necesario. Que no solamente no saco nada con ir alegar al tribunal y decir ‘chuta, no me escucharon lo que yo dije’. No, también tengo que contárselo a ustedes. Que la lucha jurídica que llevamos allá, ahora se ha transformado en algo que no es solamente jurídico. Y aunque nosotros tengamos todas las normas a nuestro favor y aunque los antecedentes sean paupérrimos en contra de los lamgnen, el poder se ejerce de manera muy fuerte. Y que este mismo poder y esta capacidad de juntarse, de hablar y de levantarse, es el que nosotros también tenemos que ejercer en contra. Ya no basta solamente con llevar el Código bajo el brazo. Hay que venir igual, hay que conversar y hay que articularse. Muchas gracias por estar aquí. Gracias por la invitación.

*Intervención de Karina Riquelme, abogada fundadora del Centro de Investigación y Defensa Sur (Cidsur), en el Nütram Mujeres por la Defensa del Territorio: Criminalización y Resistencia. Miércoles 15 de agosto de 2018. Cobertura realizada por Radio Inkieta. 

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